miércoles, 16 de marzo de 2016

ROBERT FROST “El potro desbocado”

ROBERT FROST
“El potro desbocado”


ROBERT FROST “El potro desbocado”


Tiempo ha, cuando la nieve empezaba a caer,
Nos detuvimos junto, a unos pastos... ¿De quién será
Aquel potro?", dijimos. El pequeño Morgan había
Puesto una pata delantera sobre el muro de piedra
Y la otra sobre el pecho, encogida. Agachando
La cabeza, nos contempló un instante y huyó.
Escuchamos el diminuto retumbo de su fuga,
Y nos pareció verle, una sombra gris recortándose
Contra el inmenso cortinaje de los copos de nieve.
"Ese pequeño está asustado de la nieve que cae.
No conoce el invierno. Para ese pequeñuelo
No es cosa baladí. Y huye trotando.
Ni su madre podría decirle: "¡Quieto! ¡Es sólo el tiempo!"
El pensaría que ella sólo habla por hablar.
¿Dónde estará su madre? ¿Por qué no va con él?"
El potro ya regresa con su pétreo repiqueteo,
Salta de nuevo el muro con ojos blanquecinos
Y erguida la cola sin pelo.
Hace temblar su piel como si sacudiera moscas.
"Quienquiera que deja ese potro afuera tan tarde,
Cuando los demás animales están en el establo,
Hay que avisarle para que salga y lo haga entrar."



ROBERT FROST "Abedules"

ROBERT FROST
"Abedules"

ROBERT FROST "Abedules"

Cuando veo abedules oscilar a derecha
Y a izquierda, ante una hilera de árboles más oscuros,
Me complace pensar que un muchacho los mece
Pero no es un muchacho quien los deja curvados,
Sino las tempestades. A menudo hemos visto
Los árboles cargados de hielo, en claros días
Invernales, después de un aguacero
Cuando sopla la brisa se les oye crujir,
Se vuelven irisados cuando se resquebraja
Su esmaltada corteza. Pronto el sol les arranca
Sus conchas cristalinas, que mezcla con la nieve...
Esas pilas de conchas esparcidas diríase
Que son la rota cúpula interior de los cielos.
La carga los doblega hacia los mustios
Matorrales cercanos, pero nunca se quiebran,
Aunque jamás podrán enderezarse solos:
Durante muchos años las ramas de sus troncos
Curvadas barrerán con sus hojas el suelo,
Igual que arrodilladas doncellas con los sueltos
Cabellos hacia atrás y secándose al sol.
Mas cuando la Verdad se me interpuso
En la forma de un hecho como la tempestad,
Iba a decir que quizás un muchacho,
Yendo a buscar las vacas, inclinaba los árboles...
Un muchacho que por vivir lejos del pueblo
Sólo sabe jugar, en invierno o en verano
A juegos que ha inventado para jugar él solo.
Ha domado los árboles de su padre uno a uno
Pasando por encima de ellos tan a menudo
Que nada les dejó de su tiesura.
A todos doblegó; no dejó ni uno solo
Sin conquistar. Aprendió la manera
De no saltar de un árbol sin haber conseguido
Doblarlo contra el suelo. Conservó el equilibrio
Hasta llegar arriba, trepando con cuidado,
Con la misma destreza que uno emplea al llenar
La copa hasta el borde, y aun arriba del borde.
Entonces, de un envión, disparaba los pies
Hacia afuera y saltaba del aire hasta la tierra.
Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles;
Muy a menudo sueño en que volveré a serlo,
Cuando me hallo cansado de mis meditaciones,
Y la vida parece un bosque sin caminos donde,
Al vagar por él, sentirnos en la cara
Ardiente el cosquilleo de rotas telarañas,
Y un ojo lagrimea a causa de una brizna,
Y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo,
Para luego volver y empezar otra vez.
Que jamás el destino, comprendiéndome mal,
Me otorgue la mitad de lo que anhelo
Y me niegue el regreso. Nada hay, para el amor,
Como la tierra; ignoro si existe mejor sitio.
Quisiera encaramarme a un abedul, trepar,
Por las ramas oscuras del blanquecino tronco
Y subir hacia el cielo, hasta que el abedul,
Doblándose vencido, me volviese a la tierra.
Subir y regresar sería muy hermoso.
Pues hay cosas peores en la vida que ser
Un columpiador de árboles.



miércoles, 2 de marzo de 2016

KEITH DOUGLAS “Simplifíquenme cuando haya muerto”

KEITH DOUGLAS
“Simplifíquenme cuando haya muerto”


KEITH DOUGLAS “Simplifíquenme cuando haya muerto”


Recuérdenme cuando haya muerto
Y simplifíquenme cuando haya muerto.
Como los procesos de la tierra
Despojan del color y de la piel;
Se llevarán el pelo castaño y los ojos azules
Y me dejarán más simple que en la hora del nacimiento,
Cuando sin pelos llegué aullando
Mientras la Luna aparecía en el frío firmamento.
Acaso de mi esqueleto,
Ya tan despojado, un docto dirá:
"Era de tal tipo y de tal inteligencia", y nada más.
Así, cuando en un año se derrumben
Recuerdos específicos, podrán
Deducir, del largo dolor que soporté
Las opiniones que sustentaba, quién fue mi enemigo
Y lo que dejé, hasta mi apariencia
Pero los incidentes no servirán de guía.
El telescopio invertido del tiempo mostrará
Un hombre diminuto dentro de diez años
Y por la distancia simplificado.
A través de ese lente observen si parezco
Sustancia o nada: merecedor
De renombre en el mundo o de un piadoso olvido,
Sin dejarse arrastrar por momentáneo enojo
O por el amor a una decisión,
Llegando sin prisa a una opinión.
Recuérdenme cuando haya muerto
Y simplifíquenme cuando haya muerto.






KEITH DOUGLAS “El difunto”

KEITH DOUGLAS
“El difunto”


KEITH DOUGLAS “El difunto”

Era un maldito, lo admito,
Y siempre ebrio hasta que se quedó sin plata.
Su pelo le colgaba por un lazo de
Una Corona Veneris. Sus ojos, mudos
Como prisioneros en sus cavernosas hendiduras, estaban
Fijos en actitudes de desesperación.
Ustedes que, Dios los bendiga, jamás han caído tanto,
Lo censuran y oran por él, que sí había caído;
Y con sus flaquezas lamentan los versos
Que el tipo hacía, acaso entre maldiciones,
Acaso en el colmo de la ruina moral,
Pero los escribía con sinceridad;
Y al parecer sentía un dolor acrisolado
Al cual la virtud de ustedes no puede llegar.
Respétenlo. Para ello

Poseía una virtud que ustedes no ven.

sábado, 27 de febrero de 2016

JOHN DONNE “El corazón roto”

JOHN DONNE “El corazón roto”


JOHN DONNE “El corazón roto”


Loco de remate está quien dice
Haber estado una hora enamorado,
Mas no es que amor así de pronto mengüe, sino que
Puede a diez en menos plazo devorar.
¿Quién me creerá si juro
Haber sufrido un año de esta plaga?
¿Quién no se reiría de mí si yo dijera
Que vi arder todo un día la pólvora de un frasco?
¡Ay, qué insignificante el corazón,
Si llega a caer en manos del amor!
Cualquier otro pesar deja sitio
A otros pesares, y para sí reclama sólo parte.
Vienen hasta nosotros, pero a nosotros el Amor arrastra,
Y, sin masticar, engulle.
Por él, como por bala encadenada, tropas enteras mueren.
El es el esturión tirano; nuestros corazones, la morralla.
Si así no fue, ¿qué le pasó
A mi corazón cuando te vi?
Al aposento traje un corazón,
Pero de él salí yo sin ninguno.
Si contigo hubiera ido, sé
Que a tu corazón el mío habría enseñado a mostrar
Por mí más compasión. Pero, ¡ay!, Amor,
De un fuerte golpe lo quebró cual vidrio.
Mas nada en nada puede convertirse,
Ni lugar alguno puede del todo vaciarse,
Así, pues, pienso que aún posee mi pecho todos
Esos fragmentos, aunque no estén reunidos.
Y ahora, como los espejos rotos muestran
Cientos de rostros más menudos, así
Los añicos de mi corazón pueden sentir agrado,
Deseo, adoración,
Pero después de tal amor, de nuevo amar no pueden.


JOHN DONNE "Amor negativo"

JOHN DONNE
"Amor negativo"


John Donne

Nunca tanto me abatí como aquellos
Que en un ojo, mejilla, labio, hacen presa;
Rara vez hasta aquellos que más no se remontan
Que para admirar virtud o mente:
Pues sentido e inteligencia pueden
Conocer aquello que su fuego aviva.
Mi amor, aunque ignorante, es más audaz.
Fracase yo cuando suspire,
Si he de saber qué desearé.
Si es simplemente lo perfecto
Lo que expresarse no se puede
Sino con negativos, así es mi amor.
Al todo que todos aman digo no.
Si quien descifrar puede
Aquello que desconocemos, a nosotros, conocer puede,
Enséñeme él esa nada. Este, por ahora,
Mi alivio es y mi consuelo:
Aún cuando no progreso, fallar no puedo.



viernes, 26 de febrero de 2016

EMILY DICKINSON “Él era débil y yo era fuerte”

EMILY DICKINSON
“Él era débil y yo era fuerte”


EMILY DICKINSON

Él era débil y yo era fuerte,
Después él dejó que yo le hiciera pasar
Y entonces yo era débil y él era fuerte,
Y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,
Tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,
No había ruido, él no dijo nada,
Y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
Ahora ninguno de los dos era más fuerte,
Él luchó, yo también luché,

¡Pero no luchamos a pesar de todo!