viernes, 29 de mayo de 2015

JUAN GELMAN “Hechos”

JUAN GELMAN 

“Hechos”


mientras el dictador o burócrata de turno hablaba 
en defensa del desorden constituido del régimen
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro
entre una piedra y un fulgor de otoño
afuera seguía la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/
la represión/la muerte/las sirenas policiales cortando
la noche/él tomó el endecasílabo y
con mano hábil lo abrió en dos cargando
de un lado más belleza y más
belleza del otro/cerró el endecasílabo/puso
el dedo en la palabra inicial/apretó
la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata
salió el endecasílabo/siguió el discurso/siguió
la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/la represión/
[la muerte/las sirenas policiales cortando la noche
este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta
[ahora
a ningún dictador o burócrata aunque
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata/y también
[explica que
un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor
[de otoño o
del encuentro entre la lluvia y un barco y de
otros encuentros que nadie sabría predecir/o sea
los nacimientos/ casamientos/ los
disparos de la belleza incesante



de "Hechos", 1978

FRANCISCO DE QUEVEDO “UN VALENTÓN”

FRANCISCO DE QUEVEDO  

“UN VALENTÓN




Un valentón de espátula y gregüesco,
que a la muerte mil vidas sacrifica,
cansado del oficio de la pica,
mas no del ejercicio picaresco,

retorciendo el mostacho soldadesco,
por ver que ya su bolsa le repica,
a un corrillo llegó de gente rica,
y en el nombre de Dios pidió refresco.

"Den voacedes, por Dios, a mi pobreza
-les dice-; donde no; por ocho santos
que haré lo que hacer suelo sin tardanza!"

Mas uno, que a sacar la espada empieza,
"¿Con quién habla? -le dice al tiracantos-,
¡cuerpo de Dios con él y su crianza!

Si limosna no alcanza,
¿qué es lo que suele hacer en tal querella?"
Respondió el bravonel: "¡Irme sin ella! "

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ “PUES ESTOY CONDENADA”

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ 

PUES ESTOY CONDENADA”


Pues estoy condenada,
Fabio, a la muerte, por decreto tuyo,
y la sentencia airada
ni la apelo, resisto ni la huyo,
óyeme, que no hay reo tan culpado
a quien el confesar le sea negado.

Porque te han informado,
dices, de que mi pecho te ha ofendido,
me has, fiero, condenado.
¿Y pueden, en tu pecho endurecido
más la noticia incierta, que no es ciencia,
que de tantas verdades la experiencia?

Si a otros crédito has dado,
Fabio, ¿por qué a tus ojos se lo niegas,
y el sentido trocado
de la ley, al cordel mi cuello entregas,
pues liberal me amplías los rigores
y avaro me restringes los favores?

Si a otros ojos he visto,
mátenme, Fabio, tus airados ojos;
si a otro cariño asisto,
asístanme implacables tus enojos;
y si otro amor del tuyo me divierte,
tú, que has sido mi vida, me des muerte.

Si a otro, alegre, he mirado,
nunca alegre me mires ni te vea;
si le hablé con agrado,
eterno desagrado en ti posea;
y si otro amor inquieta mi sentido,
sáqueseme el alma tú, que mi alma has sido.

Mas, supuesto que muero,
sin resistir a mi infeliz suerte,
que me des sólo quiero
licencia de que escoja yo mi muerte;
deja la muerte a mi elección medida,
pues en la tuya pongo yo la vida.

jueves, 28 de mayo de 2015

MAYBELL LEBRON "MAKÂ"

MAYBELL LEBRON 

"MAKÂ"



Flacos músculos cansados abultan la costra parda;
en su piel endurecida queda el rastro de las garras

de los colosos del monte. Entonces, los igualaba
oliendo sus intenciones como otra fiera cebada.

Hoy, sentado en la vereda, ofrece flechas de caña
y sus brazos se distienden, ya sin bríos, ya sin alma.

Antigua testa emplumada ensoñando sus hazañas
de urukú y de cacerías, de cubrir hembras hurañas.

Huele el aire a pura selva en las calles asfaltadas;
giran serpientes y pumas entre las hojas y el agua.

El bronce de su estatura toma dimensión, se agranda
sobre aquel frágil sostén de su esqueleto y entrañas.


JOSÉ ZORRILLA “DON JUAN “

JOSÉ ZORRILLA 

DON JUAN 

  

En los años que han corrido 
desde que yo le escribí, 
mientras que yo envejecí 
mi Don Juan no ha envejecido. 
Y fama tal por él gozo 
que se cree, a lo que parece, 
porque Don Juan no envejece, 
que yo he de ser siempre mozo: 
y hoy el bravo Ducazcal 
os anuncia en su cartel 
que he de hacer aquí un papel, 
que tengo que hacer ya mal. 
Yo no soy ya lo que fuí: 
y viendo cuán poco soy, 
dejo a los que más son hoy 
pasar delante de mi; 
pues, por Dios,que por más brava 
que sea mi condición, 
la fiebre rinde al león, 
la gota la piedra cava, 
Aun latir mis bríos siento: 
pero es ya vana porfía, 
no puedo ya la voz mía 
pedirle otra vez al viento: 
y a quién me lo quiere oir 
digo años ha por doquier, 
que pierdo el sér de mi ser 
y que me siento morir. 
Pero nadie me hace caso 
por más que hablo a voz en grito, 
porque este D.Juan maldito 
por doquier me sale al paso; 
y ni me deja vivir 
en el rincón de mi hogar, 
ni deja un año pasar 
sin dar de mí que decir. 
Yo me apoco día a día, 
y este bocón andaluz, 
a quien yo saqué a la luz 
sin saber lo que me hacía, 
me viste con su oropel 
y a la luz me saca consigo; 
por más que a voces le digo 
que ir no puedo a par con él. 
Más tanto favor os debo 
por él, que en verdad me obliga 
a que algo esta noche os diga 
de este insolente mancebo. 
Oíd...es una leyenda 
muy difícil de contar, 
porque tiene algo a la par 
de ridícula y de horrenda: 
una historia íntima mía. 
Yo era en España querido 
y mimado y aplaudido... 
y me huí de España un día. 
Vivía a ciegas y erré: 
y una noche andando a oscuras 
tropecé en dos sepulturas 
y de Dios desesperé. 
Emigré: me dí a la mar; 
y esperando en el olvido 
una muerte hallar sin ruido, 
en América fuí a dar. 
No llevando allá negocio 
ni esperanza a qué atender, 
al tiempo dejé de correr 
en la oscuridad y el ocio. 
Once años anduve allí 
vagando por los desiertos, 
contándome con los muertos, 
y sin dar razón de mí. 
Los indios semisalvajes 
me veían con asombro 
ir con mi arcabuz al hombro 
por tan agrestes parajes; 
y yo en saber me gozaba 
que nadie que me veía 
allí, quién era sabía 
el que por allí vagaba; 
y esperé que de aquél modo 
de mí y de mi poesía 
como yo se olvidaría 
a la fin el mundo todo. 
Mi nombre, pues, con intento 
de dejar perder, y en suma 
sin papel, tinta, ni pluma, 
ni libros ya en mi aposento, 
bebía en mi soledad 
de mis pesares las heces: 
más tenía que ir a veces 
del desierto a la ciudad. 
Vivo el cuerpo, el alma inerte, 
a caballo y solo, iba 
como una fantasma viva, 
sin buscar ni huir la muerte. 
Y hago aquí esta narración 
porque sirva lo que digo 
a mis hechos de castigo, 
y a modo de confesión. 
Sobre mí a un anochecer 
un nublado se deshizo, 
y entre el agua y el granizo 
me dejó una hacienda ver. 
Eché a escape y me acogí 
de la casa entre la gente, 
como franca lo consiente 
la hospitalidad allí. 
Celebrábase una fiesta. 
que en aquél país no hay día 
que en hacienda o ranchería 
no tengan una dispuesta; 
y son fiestas extremadas 
allí por su mismo exceso, 
de las hembras embeleso, 
de los hombres emboscadas. 
Y a no ser de mi leyenda 
 por no cortar la ilación, 
hiciera aquí la descripción 
de una fiesta en una hacienda, 
donde nadie tiene empacho 
de usar a gusto de todo; 
porque son fiestas a modo 
de las bodas de Camacho. 
Allí acuden sin convite 
buhoneros, comerciantes 
y cirqueros ambulantes; 
sin que a nadie se le quite 
de entrar en corro el derecho, 
de gastar de los abastos, 
ni de colocar sus trastos 
donde quiera que halle trecho. 
Jamás se apaga el hogar, 
jamás el servicio cesa; 
siempre está puesta la mesa 
para comer y jugar. 
Por salas y corredores 
se oye el son a todas horas 
de carcajadas sonoras, 
de onzas y de tenedores. 
Todo es pelea de gallos, 
toros, lazos, herraderos, 
manganas y coleadores 
y carreras de caballos; 
y al fin de un día de broma 
que nada en Europa iguala, 
todo el mundo entra en la sala 
y sitio en el baile toma. 
Entré e hice lo que todos: 
cuando creí que al sueño 
 se iban a dar, di yo al dueño 
 gracias por sus buenos modos: 
mas mi caballo al pedir, 
asiéndome por la mano, 
me dijo el buen campirano 
soltando el trapo a reír: 
 "¿Y a quién hay que se le antoje 
dejar ahora tal jolgorio' 
Vamos, venga usté a la troje 
y verá el Don Juan Tenorio." 
Y a mi,que lo había escrito, 
en la troje me metía; 
y allí al paso me salía 
mi audaz andaluz precito. 
Mas ¡ay de mí, cuál salió! 
Lo hacía un indio otomí 
en jerga que el diablo urdió; 
tal fué mi Don Juan allí, 
que ni yo le conocí 
ni a conocer me di yo. 
Tal es la gloria mortal, 
y a quién Dios se la confiere, 
si librarse a ella quiere 
se la torna Dios en mal. 
A mí no me la tornó, 
porque por mi buena suerte 
del olvido y de la muerte 
doquier Don Juan  me salvó. 
¡Dios no quisó allá de mi! 
 Y de mi patria el olvido 
temiendo, como había ido 
a mi patria me volví. 
¡Feliz malogrado afán! 
Al volver de tierra extraña, 
me hallé que había en España 
vivido por mi Don Juan. 
Comprendí en su plenitud 
de Dios la suma clemencia: 
Don Juan había en mi ausencia 
borrado mi ingratitud. 
Monstruo sin par de fortuna, 
mientras yo de España huía, 
en España me ponía 
en los cuernos de la luna. 
Y ni fuerza ni razón 
han podido derribar 
tal ídolo del altar 
que le ha alzado la opnión. 
Pero hablemos con franqueza 
hoy  que todo coadyuva 
para aquí se me suba 
a mí el humo a la cabeza: 
Desvergonzado galán, 
siempre atropella por todo 
y de atajarle no hay modo; 
¿ qué tiene, pues, mi Don Juan? 
Del fondo de un monasterio 
donde le encontré empolvado, 
yo le planté remozado 
en mitad de un cementerio: 
y obra de un chico atrevido 
que atusaba apenas bozo, 
os parece tan buen mozo 
 porque está tan bien vestido. 
Pero sus hechos están 
en pugna con la razón, 
pero tal reputación 
 ¿qué tiene, pues, mi Don Juan? 
Un secreto con que gana 
la prez entre los dos Juanes; 
el freno de sus desmanes: 
que Doña Inés es cristiana. 
Tiene que es de nuestra tierra 
el tipo tradicional; 
tiene todo el bien y el mal 
que el genio español encierra. 
Que, hijo de la tradición, 
es impío y es creyente, 
es balandrón y es valiente, 
y tiene buen corazón. 
Tiene que es diestro y zurdo, 
que no cree en Dios y le invoca, 
que lleva el alma en la boca, 
y que es lógico y absurdo. 
Con defectos tan notorios 
vivirá aquí diez mil soles; 
pues todos los españoles 
nos la echamos de Tenorios 
y si en el pueblo le hallé 
y en español le escribí 
y su autor el pueblo fué... 
¿por qué me aplaudís a mi?.

NEZAHUALCÓYOTL ”No en Parte Alguna…”

NEZAHUALCÓYOTL 

"No en Parte Alguna…"


No en parte alguna puede estar la casa del inventor de sí mismo.
Dios, el señor nuestro, por todas partes es invocado,
Por todas partes es también venerado.
Se busca su gloria, su fama en la tierra.
El es quien inventa las cosas,
Él es quien se inventa a sí mismo: Dios.
Por todas partes es invocado,
Por todas partes es también venerado.
Se busca su gloria, su fama en la tierra.

Nadie puede aquí
Nadie puede ser amigo
Del Dador de la vida:
Sólo es invocado,
A su lado,
Junto a él,
Se puede vivir en la tierra.

El que lo encuentra,
Tan sólo sabe bien esto: él es invocado, 
A su lado, junto a él,
Se puede vivir en la tierra.

Nadie en verdad
Es tu amigo,
¡oh Dador de la vida!
Sólo como si entre las flores
Buscáramos a alguien, 
Así te buscamos,
Nosotros que vivimos en la tierra,
Mientras estamos a tu lado.
Se hastiará tu corazón.
Sólo por poco tiempo
Estaremos junto a ti a tu lado.

No enloquece el Dador de la vida,
Nos embriaga aquí.
Nadie puede estar acaso a su lado,
Tener éxito, reinar en la tierra.

Sólo tú alteras las cosas,
Como lo sabe nuestro corazón:
Nadie puede estar acaso a su lado,
Tener éxito, reinar en la tierra.


Canto de Nezahualcóyotl de Acolhuacan 
(con que saludó a Moctezuma el viejo,
cuando estaba éste enfermo).

Miradme, he llegado. 
Soy blanca flor, soy faisán,
Se yergue mi abanico de plumas finas,
Soy Nezahualcóyotl.
Las flores se esparcen,
De allá vengo, de Acolhuacan.
Escuchadme, elevaré mi canto,
Vengo a alegrar a Moctezuma.
¡Tatalilili, papapapa, achala, achala!

¡Qué sea para bien!
¡que sea en buen momento!
Donde están erguidas las columnas de jade,
Donde están ellas en fila,
Aquí en México,
Donde en las obscuras aguas
Se yerguen los blancos sauces,
Aquí te merecieron tus abuelos,
Aquel Huitzilíhuitl, aquel Acamapichtli.
¡Por ellos llora, oh Moctezuma!
Por ellos tú guardas su estera y su solio.
El te ha visto con compasión, 
Él se ha apiadoado de ti, ¡oh Moctezuma!
A tu cargo tienes la ciudad y el solio.


Un coro responde:

Por ello llora, ¡Oh Moctezuma!
Estás contemplando el agua y el monte, la ciudad,
Allí ya miras a tu enfermo,
¡oh Nezahualcóyotl!
Allí en las obscuras aguas,
En medio del musgo acuático,
Haces tu llegada a México.
Aquí tú haces merecimiento,
Allí ya miras a tu enfermo.
Tú, Nezahualcóyotl.

El águila grazna,
El ocelote ruge,
Aquí es México,
Donde tú gobernabas Itzcóatl.
Por él, tienes tú ahora estera y solio.
Donde hay sauces blancos 
Sólo tu reinas.
Donde hay blancas cañas,
Donde se extiende el agua de jade,
Aquí en México.

Tú, con sauces preciosos,
Verdes como jade,
Engalanas la ciudad,

La niebla sobre nosotros se extiende,
¡que broten flores preciosas!
¡que permanezcan en vuestras manos!
Son vuestro canto, vuestra palabra.
Haces vibrar tu abanico de plumas finas, 
lo contempla la garza
lo contempla el quetzal.
¡Son amigos los príncipes!

La niebla sobre nosotros se extiende, 
¡que broten flores preciosas!
¡que permanezcan en vuestras manos!
Son vuestro canto, vuestra palabra.
Flores luminosas abren sus corolas, 
donde se extiende el musgo acuático, 
aquí en México.
Sin violencia permanece y prospera
en medio de sus libros y pinturas,
existe la ciudad de Tenochtitlan.
El la extiende y la hace florecer,
él tiene aquí fijos sus ojos,
los tiene fijos en medio del lago.

Se han levantado columnas de jade,
de en medio del lago se yerguen las columnas,
es el Dios que sustenta la tierra
y lleva sobre sí al Anáhuac
sobre el agua celeste.
Flores preciosas hay en vuestras manos,
con verdes sauces habéis matizado a la ciudad,
a todo aquello que las aguas rodean,
y en la plenitud del día.
Habéis hecho una pintura del agua celeste,
la tierra del Anáhuac habéis matizado,
¡oh vosotros señores!
A ti, Nezahualcóyotl,
a ti, Motecuhzoma,
el dador de la vida os ha inventado,
os ha forjado,
nuestro padre, el Dios,
en el interior mismo del agua.

miércoles, 27 de mayo de 2015

CARLOS GUIDO Y SPANO TROVA: “He nacido en Buenos Aires”

CARLOS GUIDO Y SPANO 

TROVA

“He nacido en Buenos Aires



He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.

Tierra no hay como la mía;
¡ni Dios otra inventaría
que más bella y noble fuera!
¡Viva el sol de mi bandera!

Tierra no hay como la mía.
Hasta el aire aquí es sabroso;
nace el hombre alegre, brioso,
y las mujeres son lindas
como en el árbol las guindas;
hasta el aire aquí es sabroso.

¡Oh, Buenos Aires, mi cuna!
¡De mi noche amparo y luna!
aunque en placeres desbordes,
oye estos dulces acordes
¡oh, Buenos Aires, mi cuna!

Fanal de amor encendido,
borda el cielo tu vestido
de rosas y rayos de oro:
eres del mundo tesoro,
fanal de amor encendido.

¿Quién al verte no te admira
y al dejarte no suspira
por retornar a tus playas?
Deidad de las fiestas mayas,
¿quién al verte no te admira?

De tus glorias que otros canten,
y a las nubes te levanten
entre palmas y trofeos.
Yo no asisto a esos torneos:
de tus glorias que otros canten.

Tu esplendor diré tan sólo,
si no del ya viejo Apolo
con la lira acorde y fina,
en mi guitarra argentina
tu esplendor diré tan sólo.

Voluptuosa te perfumas
de junquillos y arirumas;
cuando te adornas y encintas,
en las áureas de tus quintas
voluptuosa te perfumas.

Goza del Plata al arrullo
llena de garbo y orgullo,
criolla sin par, blasonante
de tu destino brillante,
goza del Plata al arrullo.

Triunfa, baila, canta, ríe;
la fortuna te sonríe
eres libre, eres hermosa;
entre sueños, color rosa,
triunfa, baila, canta, ríe;

¡Cuántos medran a tu sombra!
Tu campiña es verde alfombra,
tus astros vivos topacios;
habitando tus palacios
¡cuántos medran a tu sombra!

Bajo de un humilde techo
vivo, en tanto, satisfecho
bendiciendo tu hermosura,
que bien cabe la ventura
bajo de un humilde techo.

La riqueza no es la dicha;
si perdí la última ficha
al azar de la existencia,
saqué en limpio esta sentencia:
la riqueza no es la dicha.

He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.