En esta página haremos conocer aquellas poesías y/o los poetas que trascendieron a través de los tiempos y la historia
miércoles, 27 de mayo de 2015
JUANA DE IBARBOUROU “TE DOY MI ALMA DESNUDA”
JUANA DE IBARBOUROU
“TE DOY MI ALMA DESNUDA”
Te doy mi alma desnuda,
Como estatua a la cual ningún cendal escuda.
Como estatua a la cual ningún cendal escuda.
Desnuda con el puro impudor
De un fruto, de una estrella o una flor;De todas esas cosas que tienen la infinita
De un fruto, de una estrella o una flor;De todas esas cosas que tienen la infinita
Serenidad de Eva antes de ser maldita.
De todas esas cosas,
Frutos, astros y rosas,Que no sienten vergüenza del sexo sin celajes
Frutos, astros y rosas,Que no sienten vergüenza del sexo sin celajes
Y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.
Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena
¡Que tuviera una intensa blancura de azucena!
Desnuda, y toda abierta de par en par
¡Por el ansia del amar!
¡Por el ansia del amar!
martes, 26 de mayo de 2015
LORD ALFRED TENNYSON "POR LA NOCHE YACÍAMOS SOBRE EL CÉSPED"
LORD ALFRED TENNYSON
"POR LA NOCHE YACÍAMOS SOBRE EL CÉSPED"
Por la noche yacíamos
sobre el césped,
Pues debajo la hierba
era seca y cálida;
Y a través del cielo
una bruma plateada
Se anticipaba al
verano, en calma,
Permitiendo que los
cirios ardan inquebrantables:
No se escuchaba el
canto de los grillos,
Y sólo se oyó el
murmullo de un arrollo lejano,
Y sobre la urna el
débil aleteo
De los murciélagos en
los fragantes cielos,
Girando brillantes en
delicadas formas
Que surgen durante el
crepúsculo,
Envueltos en capas
oscuras;
Con pechos hirsutos y
perlados ojos.
Mientras cantábamos
viejas baladas que sonaron
De colina en colina,
donde cómodos yacíamos,
La blanca becerra
resplandeció, y los árboles
Rodearon el campo con
sus oscuros brazos.
Pero cuando los
otros, uno por uno,
Huyeron de mí y de la
Noche,
Cuando en la casa,
una por una,
Las luces se
apagaron, yo permanecí solo.
El hambre asaltó mi
corazón, leí;
Sobre aquellos
felices años que una vez fueron,
En las hojas
marchitas que conservaban su verdor,
Las nobles letras de
los muertos.
Extrañamente, sobre
el silencio brotaron
Las mudas letras
parlantes, y extraño
Fue el lamento
desafiante de las palabras
Que probaban su
valor. Entonces, oh prodigio: habló.
Habló de la Fe, el
Vigor, el Valor de detenerse
Donde la duda impulsa
la espalda del cobarde,
Y pronunció agudos
enigmas que sugerían,
Que atraían hacia la
intimidad de su celda.
Entonces, palabra a
palabra, línea tras línea,
El hombre muerto me
tocó desde el pasado,
Y todo al mismo
tiempo me pareció
Que el alma viviente
fue reflejada en mí.
Allí mi alma fue
herida, girando
Sobre las empíreas
alturas del pensamiento,
Llegando hasta
aquello que es, atrapando
Las hondas
pulsaciones del mundo.
Una melodía antigua
que medía
Los pasos del tiempo,
los golpes de la fortuna,
El soplo de la
Muerte. Lentamente, mi trance
Fue diluyéndose,
aferrada a la penosa duda.
¡Vagas palabras! Pero
cuán difícil es
Darles forma,
moldearlas en el discurso,
Que duro es para el
intelecto hurgar
En la memoria de lo
que me convertí.
Hasta ahora, el
dudoso crepúsculo revela
Las colinas una vez
más, donde cómodos yacíamos,
Donde la blanca
becerra resplandecía, y los árboles
Rodeaban el campo con
sus oscuros brazos.
Aspirada desde las
tinieblas lejanas,
La brisa comenzó a
temblar sobre
Las grandes hojas del
sicomoro,
Penetrando todo con
su inmóvil fragancia.
Reuniéndose sobre las
frescas bóvedas,
Sacudió las ramas de
los olmos, y pasó
Sobre las rosas
abatidas; y agitó
Los lirios de un lado
a otro, diciendo:
El Alba, el Amanecer.
Y murió lejos.
El este y el oeste,
sin un hálito de aliento,
Mezclaron sus tenues
luces, como la vida y la muerte,
Para esculpir un día
que jamás tendrá fin.
OLIVERIO GIRONDO "SE MIRAN, SE PRESIENTEN, SE DESEAN"
OLIVERIO GIRONDO
"SE MIRAN, SE PRESIENTEN, SE DESEAN"
Se miran, se
presienten, se desean,
Se acarician, se
besan, se desnudan,
Se respiran, se
acuestan, se olfatean,
Se penetran, se
chupan, se demudan,
Se adormecen, despiertan,
se iluminan,
Se codician, se
palpan, se fascinan,
Se mastican, se
gustan, se babean,
Se confunden, se
acoplan, se disgregan,
Se aletargan,
fallecen, se reintegran,
Se distienden, se
enarcan, se menean,
Se retuercen, se
estiran, se caldean,
Se estrangulan, se
aprietan, se estremecen,
Se tantean, se
juntan, desfallecen,
Se repelen, se
enervan, se apetecen,
Se acometen, se
enlazan, se entrechocan,
Se agazapan, se
apresan, se dislocan,
Se perforan, se
incrustan, se acribillan,
Se remachan, se
injertan, se atornillan,
Se desmayan, reviven,
resplandecen,
Se contemplan, se
inflaman, se enloquecen,
Se derriten, se
sueldan, se calcinan,
Se desgarran, se
muerden, se asesinan,
Resucitan, se buscan,
se refriegan,
Se rehúyen, se evaden
y se entregan.
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER "PORQUE SON, NIÑA, TUS OJOS"
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
"PORQUE SON, NIÑA, TUS OJOS"
Porque son, niña, tus
ojos
Verdes como el mar,
te quejas;
Verdes los tienen las
náyades,
Verdes los tuvo
Minerva,
Y verdes son las
pupilas
De las hourís del Profeta.
El verde es gala y
ornato
Del bosque en la
primavera;
Entre sus siete
colores
Brillante el Iris lo
ostenta,
Las esmeraldas son
verdes;
Verde el color del
que espera,
Y las ondas del
océano
Y el laurel de los
poetas.
Es tu mejilla
temprana
Rosa de escarcha
cubierta,
En que el carmín de
los pétalos
Se ve al través de
las perlas.
Y sin embargo,
Sé que te quejas
Porque tus ojos
Crees que la afean,
Pues no lo creas.
Que parecen sus
pupilas
Húmedas, verdes e
inquietas,
Tempranas hojas de
almendro
Que al soplo del aire
tiemblan.
Es tu boca de rubíes
Purpúrea granada
abierta
Que en el estío
convida
A apagar la sed con
ella,
Y sin embargo,
Sé que te quejas
Porque tus ojos
Crees que la afean,
Pues no lo creas.
Que parecen, si
enojada
Tus pupilas
centellean,
Las olas del mar que
rompen
En las cantábricas
peñas.
Es tu frente que
corona,
Crespo el oro en
ancha trenza,
Nevada cumbre en que
el día
Su postrera luz
refleja.
Y sin embargo,
Sé que te quejas
Porque tus ojos
Crees que la afean:
Pues no lo creas.
Que entre las rubias
pestañas,
Junto a las sienes
semejan
Broches de esmeralda
y oro
Que un blanco armiño
sujetan.
Porque son, niña, tus
ojos
Verdes como el mar te
quejas;
Quizás, si negros o
azules
Se tornasen, lo
sintieras.
lunes, 25 de mayo de 2015
EMILY DICKINSON “PARA SIEMPRE A SU LADO CAMINAR”
EMILY DICKINSON
“PARA SIEMPRE A SU LADO CAMINAR”
Para
siempre a su lado caminar,
Lo más pequeño de nosotros dos.
Cerebro de su cerebro
Y sangre de su sangre,
Dos vidas y un solo ser.
Para
siempre probar este destino,
Si es dolor, la mayor parte,
Si es dicha, entregar mi parte
Por ese anhelado corazón.
Toda una vida para conocernos el uno al otro,
A quien nunca podremos conocer,
Y de vez en cuando un cambio
Llamado cielo,
Raptos confraternizados de hombres
Sólo para descubrir lo que nos perturbaba,
Sin palabras.
PIEDAD BONNETT “SOLEDADES”
PIEDAD BONNETT “SOLEDADES”
Exacto y cotidiano
El cielo se derrama como un oscuro vino,
Se agazapa a dormir en los zaguanes,
Endurece los patios, los postigos,
Enciende las pupilas de los gatos.
En las mezquinas calles minuciosos golpean
Los pasos de la frágil solterona
Que sabe que no hay luz en su ventana.
En el aire hay olor a col hervida
Y detrás de la ropa que aporrea la piedra
Un canto de mujer abre la noche.
Es la hora
En que el joven travesti se acomoda los senos
Frente al espejo roto de la cómoda,
Y una muchacha ensaya otro peinado
Y echa esmalte en el hueco de sus medias de seda.
Abre la viuda el closet y llora con urgencia
Entre trajes marrón y olor a naftalina,
Y un pubis fresco y unos muslos blancos
Salen del maletín del agente viajero.
Un alboroto de ollas revuelca la cocina
Del restaurante donde un viejo duerme
Contra el sucio papel de mariposas,
Mientras como una red sin agujeros
Nos envuelve la noche por los cuatro costados.
El cielo se derrama como un oscuro vino,
Se agazapa a dormir en los zaguanes,
Endurece los patios, los postigos,
Enciende las pupilas de los gatos.
En las mezquinas calles minuciosos golpean
Los pasos de la frágil solterona
Que sabe que no hay luz en su ventana.
En el aire hay olor a col hervida
Y detrás de la ropa que aporrea la piedra
Un canto de mujer abre la noche.
Es la hora
En que el joven travesti se acomoda los senos
Frente al espejo roto de la cómoda,
Y una muchacha ensaya otro peinado
Y echa esmalte en el hueco de sus medias de seda.
Abre la viuda el closet y llora con urgencia
Entre trajes marrón y olor a naftalina,
Y un pubis fresco y unos muslos blancos
Salen del maletín del agente viajero.
Un alboroto de ollas revuelca la cocina
Del restaurante donde un viejo duerme
Contra el sucio papel de mariposas,
Mientras como una red sin agujeros
Nos envuelve la noche por los cuatro costados.
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