lunes, 28 de septiembre de 2015

ALFONSINA STORNI "Duerme tranquilo"

ALFONSINA STORNI 
"Duerme tranquilo"


Dijiste la palabra que enamora
A mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
Duerme tranquilo. Debe estar sereno
Y hermoso el rostro tuyo a toda hora.

Cuando encanta la boca seductora
Debe ser fresca, su decir ameno;
Para tu oficio de amador no es bueno
El rostro ardido del que mucho llora.

Te reclaman destinos más gloriosos
Que el de llevar, entre los negros pozos
De las ojeras, la mirada en duelo.


¡Cubre de bellas víctimas el suelo!
Más daño al mundo hizo la espada fatua
De algún bárbaro rey, y tiene estatua.

ALFONSINA STORNI "Dolor"

ALFONSINA STORNI
"Dolor"


Quisiera esta tarde divina de octubre
Pasear por la orilla lejana del mar;

Que la arena de oro, y las aguas verdes,
Y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
Como una romana, para concordar

Con las grandes olas, y las rocas muertas
Y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
Y la boca muda, dejarme llevar;

Ver cómo se rompen las olas azules
Contra los granitos y no parpadear

Ver cómo las aves rapaces se comen
Los peces pequeños y no despertar;

Pensar que pudieran las frágiles barcas
Hundirse en las aguas y no suspirar;

Ver que se adelanta la garganta al aire,
El hombre más bello no desear amar;

Perder la mirada, distraídamente,
Perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;


Y, figura erguida, entre cielo y playa,
Sentirme el olvido perenne del mar.

sábado, 26 de septiembre de 2015

JOSÉ ASUNCIÓN SILVA "A un pesimista"

JOSÉ ASUNCIÓN SILVA
"A un pesimista"



Hay demasiada sombra en tus visiones,
Algo tiene de plácido la vida,
No todo en la existencia es una herida
Donde brote la sangre a borbotones.
La lucha tiene sombra, y las pasiones
Agonizantes, la ternura huida,
Todo lo amado que al pasar se olvida
Es fuente de angustiosas decepciones.
Pero, ¿por qué dudar, si aún ofrecen
En el remoto porvenir oscuro
Calmas hondas y vívidos cariños
La ternura profunda, el beso puro
Y manos de mujer, que amantes mecen
Las cunas sonrosadas de los niños?

JOSÉ ASUNCIÓN SILVA "Crepúsculo"

JOSÉ ASUNCIÓN SILVA
"Crepúsculo"


Junto a la cuna aún no está encendida
La lámpara tibia, que alegra y reposa,
Y se filtra opaca, por entre cortinas
De la tarde triste la luz azulosa.
Los niños cansados suspenden los juegos,
De la calle vienen extraños ruidos,
En estos momentos, en todos los cuartos,
Se van despertando los duendes dormidos.
La sombra que sube por los cortinajes,
Para los hermosos oyentes pueriles,
Se puebla y se llena con los personajes
De los tenebrosos cuentos infantiles.
Flota en ella el pobre Rin Rin Renacuajo,
Corre y huye el triste Ratoncito Pérez,
Y la entenebrece la forma del trágico
Barba Azul, que mata sus siete mujeres.
En unas distancias enormes e ignotas,
Que por los rincones oscuros suscita,
Andan por los prados el Gato con Botas,
Y el Lobo que marcha con Caperucita.
Y, ágil caballero, cruzando la selva,
Do vibra el ladrido fúnebre de un gozque,
A escape tendido va el Príncipe Rubio
A ver a la Hermosa Durmiente del Bosque.

Del infantil grupo se levanta leve
Argentada y pura, una vocecilla,
Que comienza: "Entonces se fueron al baile
Y dejaron sola a la Cenicentilla,
Se quedó la pobre triste en la cocina,
De llanto de pena nublados los ojos,
Mirando los juegos extraños que hacían
En las sombras negras los carbones rojos.
Pero vino el Hada que era su madrina,
Le trajo un vestido de encaje y crespones,
Le hizo un coche de oro de una calabaza,
Convirtió en caballos unos seis ratones,
Le dio un ramo enorme de magnolias húmedas,
Unos zapaticos de vidrio, brillantes,
Y de un solo golpe de la vara mágica
Las cenizas grises convirtió en diamantes".

Con atento oído las niñas la escuchan,
Las muñecas duermen, en la blanda alfombra
Medio abandonadas, y en el aposento
La luz disminuye, se aumenta la sombra.


¡Fantásticos cuentos de duendes y hadas,
Llenos de paisajes y de sugestiones,
Que abrís a lo lejos amplias perspectivas
A las infantiles imaginaciones!
Cuentos que nacisteis en ignotos tiempos
Y que vais, volando, por entre lo oscuro,
Desde los potentes Aryos primitivos,
Hasta las enclenques razas del futuro.
Cuentos que repiten sencillas nodrizas
Muy paso, a los niños, cuando no se duermen,
Y que en sí atesoran del sueño poético
El íntimo encanto, la esencia y el germen.
Cuentos más durables que las convicciones
De graves filósofos y sabias escuelas,
Y que rodeasteis con vuestras ficciones,
Las cunas doradas de las bisabuelas.
¡Fantásticos cuentos de duendes y hadas
Que pobláis los sueños confusos del niño,
El tiempo os sepulta por siempre en el alma
Y el hombre os evoca, con hondo cariño!

JOSÉ SANTOS CHOCANO "El idilio de los volcanes"

JOSÉ SANTOS CHOCANO
"El idilio de los volcanes"



El Ixtlacíhuatl traza la figura yacente
De una mujer dormida bajo el Sol.
El Popocatépetl flamea en los siglos
Como una apocalíptica visión;
Y estos dos volcanes solemnes
Tienen una historia de amor,
Digna de ser cantada en las compilaciones
De una extraordinaria canción.

Ixtacíhuatl -hace miles de años-
Fue la princesa más parecida a una flor,
Que en la tribu de los viejos caciques
Del más gentil capitán se enamoró.
El padre augustamente abrió los labios
Y díjole al capitán seductor
Que si tornaba un día con la cabeza
Del cacique enemigo clavada en su lanzón,
Encontraría preparados, a un tiempo mismo,
El festín de su triunfo y el lecho de su amor.

Y Popocatépetl fuese a la guerra
Con esta esperanza en el corazón:
Domó las rebeldías de las selvas obstinadas,
El motín de los riscos contra su paso vencedor,
La osadía despeñada de los torrentes,
La acechanza de los pantanos en traición;
Y contra cientos y cientos de soldados,
Por años gallardamente combatió.

Al fin tornó a tribu (y la cabeza
Del cacique enemigo sangraba en su lanzón).
Halló el festín del triunfo preparado,
Pero no así el lecho de su amor;
En vez de lecho encontró el túmulo
En que su novia, dormida bajo el Sol,
Esperaba en su frente el beso póstumo
De la boca que nunca en la vida besó.

Y Popocatépetl quebró en sus rodillas
El haz de flechas; y, en una sola voz,
Conjuró la sombra de sus antepasados
Contra la crueldad de su impasible Dios.
Era la vida suya, muy suya,
Porque contra la muerte ganó:
Tenía el triunfo, la riqueza, el poderío,
Pero no tenía el amor.

Entonces hizo que veinte mil esclavos
Alzaran un gran túmulo ante el Sol
Amontonó diez cumbres
En una escalinata como alucinación;
Tomó en sus brazos a la mujer amada,
Y él mismo sobre el túmulo la colocó;
Luego encendió una antorcha, y, para siempre,
Quedóse en pie alumbrando el sarcófago de su dolor.


Duerme en paz, Ixtacíhuatl, nunca los tiempos
Borrarán los perfiles de tu expresión.
Vela en paz. Popocatépetl: nunca los huracanes
Apagarán tu antorcha, eterna como el amor.

JOSÉ SANTOS CHOCANO "De viaje"

JOSÉ SANTOS CHOCANO
"De viaje"


Ave de paso,
Fugaz viajera desconocida:
Fue sólo un sueño, sólo un capricho, sólo un acaso;
Duró un instante de los que llenan toda una vida.
No era la gloria del paganismo,
No era el encanto de la hermosura plástica y recia:
Era algo vago, nube de incienso, luz de idealismo.

No era la Grecia:
¡Era la Roma del cristianismo!
Alrededor era de sus dos ojos ¡oh, qué ojos esos!
Que las fracciones de su semblante desvanecidas
Fingían trazos de un pincel tenue, mojado en besos,
Reviviendo sueños pasados y glorias idas.

Ida es la gloria de sus encantos,
Pasado el sueño de su sonrisa.


Yo lentamente sigo la ruta de mis quebrantos;
¡Ella ha fugado como un perfume sobre la brisa!
Quizás ya nunca nos encontremos;
Quizás ya nunca veré a mi errante desconocida;
Quizás la misma barca de amores empujaremos,
Ella de un lado, yo de otro lado, como dos remos,
¡Toda la vida bogando juntos y separados toda la vida!

miércoles, 23 de septiembre de 2015

PEDRO SALINAS "Aquí, en esta orilla blanca"

PEDRO SALINAS
"Aquí, en esta orilla blanca"


Aquí,
En esta orilla blanca
Del lecho donde duermes,
Estoy al borde mismo
De tu sueño. Si diera
Un paso más, caería
En sus ondas, rompiéndolo
Como un cristal. Me sube
El calor de tu sueño
Hasta el rostro. Tu hálito
Te mide la andadura
Del soñar: va despacio.
Un soplo alterno, leve,
Me entrega ese tesoro
Exactamente: el ritmo
De tu vivir soñando.
Miro. Veo la estofa
De que está hecho tu sueño.
La tienes sobre el cuerpo
Como coraza ingrávida.
Te cerca de respeto.
A tu virgen te vuelves
Toda entera, desnuda,
Cuando te vas al sueño.
En la orilla se paran
Las ansias y los besos:
Esperan, ya sin prisa,
A que abriendo los ojos
Renuncies a tu ser
Invulnerable. Busco
Tu sueño. Con mi alma
Doblada sobre ti
Las miradas recorren,
Traslúcida, tu carne
Y apartan dulcemente
Las señas corporales
Por ver si hallan detrás
Las formas de tu sueño.
No lo encuentran. Y entonces
Pienso en tu sueño. Quiero
Descifrarlo. Las cifras
No sirven, no es secreto.
Es sueño y no misterio.
Y de pronto, en el alto
Silencio de la noche,
Un soñar mío empieza
Al borde de tu cuerpo;
En él el tuyo siento.
Tú dormida, yo en vela,
Hacíamos lo mismo.
No había qué buscar:
Tu sueño era mi sueño.