lunes, 27 de julio de 2015

JULIA DE BURGOS "Agua, vida y tierra"

JULIA DE BURGOS 
"Agua, vida y tierra"


Yo fui estallido fuerte de la selva y el río,
Y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas.
De un lado me estiraban las manos de las aguas,
Y del otro, prendíanme sus raíces las sierras.

Cuando mi río subía su caricia silvestre
En aventuras locas con el rocío y la niebla,
Con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño,
Lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras.

Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos,
Me repetía en sus aguas hasta dar en la arena,
Y era mi grito nuevo como un tajo en el monte
Que anegaba las calles y golpeaba las puertas.

A veces la montaña se me vestía de flores
E iniciaba en mi talle curvas de primavera.

¡Quién sabe en qué mañana se apretaron mis años
Sobre senos y muslos y caderas de piedra!

Se treparon mis ojos al rostro de los árboles
Y fueron mariposas sus vivas compañeras:
Así es como en los prados voy buscando las flores,
Y alas pido en las almas que a mi vida se acercan.

Mis dedos arañaron la fuerza de los riscos,
Y juraron ser índices de mis futuras vueltas;

Por eso entre los cuerpos doblados de los hombres,
Como puntales puros de orientación se elevan.

Yo fui estallido fuerte de la sierra y el río,
Y crecí amando el río e imitando la sierra...

Una mañana el aire me sorprendió en el llano:
Ya mi raíz salvaje se soltaba las riendas!
Pálidas ceremonias saludaron mi vida,
Y una fila de voces reclamaron la prenda...

Mis labios continuaron el rumor de las fuentes
Donde entrañé mis años y abastecí las venas.
De ahí mi voz de ahora, blanca sobre el lenguaje,
Se tiende por el mundo como la dio la tierra.

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ "Ante la ausencia"

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ 
"Ante la ausencia"


Divino dueño mío,
Si al tiempo de partirme
Tiene mi amante pecho
Alientos de quejarse,
Oye mis penas, mira mis males.

Aliéntese el dolor,
Si puede lamentarse,
Y a la vista de perderte
Mi corazón exhale
Llanto a la tierra, quejas al aire.

Apenas tus favores
Quisieron coronarme,
Dichoso más que todos,
Felices como nadie,
Cuando los gustos fueron pesares.

Sin duda el ser dichoso
Es la culpa más grave,
Pues mi fortuna adversa
Dispone que la pague
Con que a mis ojos tus luces falten,

¡Ay, dura ley de ausencia!
¿Quién podrá derogarte,
Ai a donde yo no quiero
Me llevas, sin llevarme,
Con alma muerta, vivo cadáver?

¿Será de tus favores
Sólo el corazón cárcel
Por ser aún el silencio
Si quiero que los guarde,
Custodio indigno, sigilo frágil?

Y puesto que me ausento,
Por el último vale
Te prometo rendido
Mi amor y fe constante,
Siempre quererte, nunca olvidarte.

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ "Amor inoportuno"

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ 
"Amor inoportuno"


Dos dudas en qué escoger
Tengo, y no sé a cual prefiera,
Pues vos sentís que no quiera
Y yo sintiera querer.

Con que si a cualquiera lado
Quiero inclinarme, es forzoso
Quedando el uno gustoso
Que otro quede disgustado

Si daros gusto me ordena
La obligación, es injusto
Que por daros a vos gusto
Haya yo de tener pena.

Y no juzgo que habrá quien
Apruebe sentencia tal,
Como que me trate mal
Por trataros a vos bien.

Mas por otra parte siento
Que es también mucho rigor
Que lo que os debo en amor
Pague en aborrecimiento.

Y aún irracional parece
Este rigor, pues se infiere,
Si aborrezco a quien me quiere
¿Qué haré con quien aborrezco?

No sé cómo despacharos,
Pues hallo al determinarme
Que amaros es disgustarme
Y no amaros disgustaros;

Pero dar un medio justo
En estas dudas pretendo,
Pues no queriendo, os ofendo,
Y queriéndoos me disgusto.

Y sea esta la sentencia,
Porque no os podáis quejar,
Que entre aborrecer y amar
Se parta la diferencia,

De modo que entre el rigor
Y el llegar a querer bien,
Ni vos encontréis desdén
Ni yo pueda encontrar amor.

Esto el discurso aconseja,
Pues con esta conveniencia
Ni yo quedo con violencia
Ni vos os partís con queja.

Y que estaremos infiero
Gustosos con lo que ofrezco;
Vos de ver que no aborrezco,
Yo de saber que no quiero.

Sólo este medio es bastante
A ajustarnos, si os contenta,
Que vos me logréis atenta
Sin que yo pase a lo amante,

Y así quedo en mi entender
Esta vez bien con los dos;
Con agradecer, con vos;
Conmigo, con no querer.

Que aunque a nadie llega a darse
En este gusto cumplido,
Ver que es igual el partido
Servirá de resignarse.

RUBÉN DARÍO "Canción de otoño en primavera"

RUBÉN DARÍO 
"Canción de otoño en primavera"


A Gregorio Martínez Sierra.

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
Historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
Mundo de duelo y aflicción.

Miraba como el alba pura;
Sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura
Hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
Para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver...!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
Halagadora y expresiva,
La otra fue más sensitiva
Cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
Una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
Una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
Y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño,
Falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡Te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
El estuche de su pasión;
Y que me roería, loca,
Con sus dientes el corazón,

Poniendo en un amor de exceso
La mira de su voluntad,
Mientras eran abrazo y beso
Síntesis de la eternidad;

Y de nuestra carne ligera
Imaginar siempre un Edén,
Sin pensar que la primavera
Y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

¡Y las demás! En tantos climas,
En tantas tierras siempre son,
Si no pretextos de mis rimas
Fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
Que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
Mi sed de amor no tiene fin;
Con el cabello gris, me acerco
A los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...


¡Mas es mía el alba de oro!

RUBÉN DARÍO "Balada en honor de las musas de carne y hueso"

RUBÉN DARÍO 
"Balada en honor de las musas de carne y hueso"


A Gregorio Martínez Sierra.

Nada mejor para cantar la vida,
Y aún para dar sonrisas a la muerte,
Que la áurea copa en donde Venus vierte
La esencia azul de su viña encendida.
Por respirar los perfumes de Armida
Y por sorber el vino de su beso,
Vino de ardor, de beso, de embeleso,
Fuérase al cielo en la bestia de Orlando,
¡Voz de oro y miel para decir cantando:
La mejor musa es la de carne y hueso!

Cabellos largos en la buhardilla,
Noches de insomnio al blancor del invierno,
Pan de dolor con la sal de lo eterno
Y ojos de ardor en que Juvencio brilla;
El tiempo en vano mueve su cuchilla,
El hilo de oro permanece ileso;
Visión de gloria para el libro impreso
Que en sueños va como una mariposa
Y una esperanza en la boca de rosa.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!

Regio automóvil, regia cetrería,
Borla y mucera, heráldica fortuna,
Nada son como a la luz de la luna
Una mujer hecha una melodía.
Barca de amar busca la fantasía,
No el yatch de Alfonso o la barca de Creso.
Da al cuerpo llama y fortifica el seso
Ese archivado y vital paraíso;
Pasad de largo, Abelardo y Narciso.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!

Clío está en esta frente hecha de Aurora,
Euterpe canta en esta lengua fina,
Talía ríe en la boca divina,
Melpómene es ese gesto que implora;
En estos pies Terpsícore se adora,
Cuello inclinado es de Erato embeleso,
Polymnia intenta a Calíope proceso
Por esos ojos en que Amor se quema.
Urania rige todo ese sistema.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!

No protestéis con celo protestante,
Contra el panal de rosas y claveles
En que Tiziano moja sus pinceles
Y gusta el cielo de Beatrice el Dante.
Por eso existe el verso de diamante,
Por eso el iris tiéndese y por eso
Humano genio es celeste progreso.
Líricos cantan y meditan sabios:
Por esos pechos y por esos labios.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!


Gregorio: nada al cantor determina
Como el gentil estímulo del beso.
Gloria al sabor de la boca divina.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!

JORGE CUESTA "Amor en sombra"

JORGE CUESTA 
"Amor en sombra"


Abro de amor a ti mi sangre rota,
Para invadirte sin saberte amada.
El íntimo sollozo es negra espada
Que en la dureza de su luz se embota.

Al borde de mi sombra tu alma brota,
Así mi linde está más amparada.
Y aunque la fuga es más precipitada
Tu ausencia es cada vez menos remota.

Tu luz es lo que más me apesadumbra
Y si enciendes mis ojos con tu vida
El corazón me dobla la penumbra.

Mi soledad tu nombre dilapida
A la sombra del aire que te encumbra
Y apaga el lujo de tu voz vencida.

JORGE CUESTA "Canto a un dios mineral"

JORGE CUESTA 
"Canto a un dios mineral"


Capto la seña de una mano, y veo
Que hay una libertad en mi deseo;
Ni dura ni reposa;
Las nubes de su objeto el tiempo altera
Como el agua la espuma prisionera
De la masa ondulosa.

Suspensa en el azul la seña, esclava
De la más leve onda, que socava
El orbe de su vuelo,
Se suelta y abandona a que se ligue
Su ocio al de la mirada que persigue
Las corrientes del cielo.

Una mirada en abandono y viva,
Si no una certidumbre pensativa,
Atesora una duda;
Su amor dilata en la pasión desierta
Sueña en la soledad y está despierta
En la conciencia muda.

Sus ojos, errabundos y sumisos,
El hueco son, en que los fatuos rizos
De nubes y de frondas
Se apoderan de un mármol de un instante
Y esculpen la figura vacilante
Que complace a las ondas.

La vista en el espacio difundida,
Es el espacio mismo, y da cabida
Vasto y nimio al suceso
Que en las nubes se irisa y se desdora
E intacto, como cuando se evapora,
Está en las ondas preso.

Es la vida allí estar, tan fijamente,
Como la helada altura transparente
Lo finge a cuanto sube
Hasta el purpúreo límite que toca,
Como si fuera un sueño de la roca,
La espuma de la nube.

Como si fuera un sueño, pues sujeta,
No escapa de la física que aprieta
En la roca la entraña,
La penetra con sangres minerales
Y la entrega en la piel de los cristales
A la luz, que la daña.

No hay solidez que a tal prisión no ceda
Aún la sombra más íntima que veda
Un receloso seno
¡En vano!; pues al fuego no es inmune
Que hace entrar en las carnes que desune
Las lenguas del veneno.

A las nubes también el color tiñe,
Túnicas tintas en el mal les ciñe,
Las roe, las horada,
Y a la crítica muestra, si las mira,
Por qué al museo su ilusión retira
La escultura humillada.

Nada perdura, ¡oh nubes!, ni descansa.
Cuando en un agua adormecida y mansa
Un rostro se aventura,
Igual retorna a sí del hondo viaje
Y del lúcido abismo del paisaje
Recobra su figura.

Íntegra la devuelve el limpio espejo,
Ni otra, ni descompuesta en el reflejo
Cuyas diáfanas redes
Suspenden a la imagen submarina,
Dentro del vidrio inmersa, que la ruina
Detiene en sus paredes.

¡Qué eternidad parece que le fragua,
Bajo esa tersa atmósfera de agua,
De un encanto el conjuro
En una isla a salvo de las horas,
Áurea y serena al pie de las auroras
Perennes del futuro!

Pero hiende también la imagen, leve,
Del unido cristal en que se mueve
Los átomos compactos:
Se abren antes, se cierran detrás de ella
Y absorben el origen y la huella
De sus nítidos actos.

Ay, que del agua el imantado centro
No fija al hielo que se cuaja adentro
Las flores de su nado;
Una onda se agita, y la estremece
En una onda más desaparece
Su color congelado.

La transparencia a sí misma regresa
Y expulsa a la ficción, aunque no cesa;
Pues la memoria oprime
De la opaca materia que, a la orilla,
Del agua en que la onda juega y brilla,
Se entenebrece y gime.

La materia regresa a su costumbre.
Que del agua un relámpago deslumbre
O un sólido de humo
Tenga en un cielo ilimitado y tenso
Un instante a los ojos en suspenso,
No aplaza su consumo.

Obscuro perecer no la abandona
Si sigue hacia una fulgurante zona
La imagen encantada.
Por dentro la ilusión no se rehace;
Por dentro el ser sigue su ruina y yace
Como si fuera nada.

Embriagarse en la magia y en el juego
De la áurea llama, y consumirse luego,
En la ficción conmueve
El alma de la arcilla sin contorno:
Llora que pierde un venturero adorno
Y que no se renueve.

Aún el llanto otras ondas arrebatan,
Y atónitos los ojos se desatan
Del plomo que acelera
El descenso sin voz a la agonía
Y otra vez la mirada honda y vacía
Flota errabunda fuera.

Con más encanto si más pronto muere,
El vivo engaño a la pasión se adhiere
Y apresura a los ojos
Náufragos en las ondas ellos mismos,
Al borde a detener de los abismos
Los flotantes despojos.

Signos extraños hurta la memoria,
Para una muda y condenada historia,
Y acaricia las huellas
Como si oculta obcecación lograra,
A fuerza de tallar la sombra avara
Recuperar estrellas.

La mirada a los aires se transporta,
Pero es también vuelta hacia adentro, absorta,
El ser a quien rechaza
Y en vano tras la onda tornadiza
Confronta la visión que se desliza
Con la visión que traza.

Y abatido se esconde, se concentra,
En sus recónditas cavernas entra
Y ya libre en los muros
De la sombra interior de que es el dueño
Suelta al nocturno paladar el sueño
Sus sabores obscuros.

Cuevas innúmeras y endurecidas,
Vastos depósitos de breves vidas,
Guardan impenetrable
La materia sin luz y sin sonido
Que aún no recoge el alma en su sentido
Ni supone que hable.

¡Qué ruidos, qué rumores apagados
Allí activan, sepultos y estrechados,
El hervor en el seno
Convulso y sofocado por un mudo!
Y graba al rostro su rencor sañudo
Y al lenguaje sereno.
Pero, ¡qué lejos de lo que es y vive
En el fondo aterrado y no recibe
Las ondas todavía
Que recogen, no más, la voz que aflora
De una agua móvil al rielar que dora
La vanidad del día!

El sueño, en sombras desasido, amarra
La nerviosa raíz, como una garra
Contráctil o bien floja;
Se hinca en el murmullo que la envuelve,
O en el humor que sorbe y que disuelve
Un fijo extremo aloja.

Cómo pasma a la lengua blanda y gruesa,
Y asciende un burbujear a la sorpresa
Del sensible oleaje:
Su espuma frágil las burbujas prende,
Y las prueba, las une, las suspende
La creación del lenguaje.

El lenguaje es sabor que entrega al labio
La entraña abierta a un gusto extraño y sabio:
Despierta en la garganta;
Su espíritu aún espeso al aire brota
Y en la líquida masa donde flota
Siente el espacio y canta.

Multiplicada en los propicios ecos
Que afuera afrontan otros vivos huecos
De semejantes bocas,
En su entraña ya vibra, densa y plena,
Cuando allí late aún, y honda resuena
En las eternas rocas.

Oh eternidad, oh hueco azul, vibrante
En que la forma oculta y delirante
Su vibración no apaga,
Porque brilla en los muros permanentes
Que labra y edifica transparentes,
La onda tortuosa y vaga.

Oh eternidad, la muerte es la medida,
Compás y azar de cada frágil vida,
La numera la Parca.
Y alzan tus muros las dispersas horas,
Que distantes o próximas, sonoras
Allí graban su marca.

Denso el silencio trague al negro, obscuro
Rumor, como el sabor futuro
Sólo la entraña guarde
Y forme en sus recónditas moradas,
Su sombra ceda formas alumbradas
A la palabra que arde.

No al oído que al antro se aproxima
Que al banal espacio, por encima
Del hondo laberinto
Las voces intrincadas en sus vetas
Originales vayan, más secretas
De otra boca al recinto.

A otra vida oye ser, y en un instante
La lejana se une al titubeante
Latido de la entraña;
Al instinto un amor llama a su objeto;
Y afuera en vano un porvenir completo
La considera extraña.

El aire tenso y musical espera;
Y eleva y fija la creciente esfera,
Sonora, una mañana:
La forman ondas que juntó un sonido,
Como en la flor y enjambre del oído
Misteriosa campana.

Ese es el fruto que del tiempo es dueño;
En él la entraña su pavor, su sueño
Y su labor termina.
El sabor que destila la tiniebla
Es el propio sentido, que otros puebla
Y el futuro domina.