domingo, 26 de abril de 2015

LA VIDA ES SUEÑO Vicente Huidobro

LA VIDA ES SUEÑO Vicente Huidobro




Los ojos andan de día en día
Las princesas posan de rama en rama
Como la sangre de los enanos
Que cae igual que todas sobre las hojas
Cuando llega su hora de noche en noche.
Las hojas muertas quieren hablar
Son gemelas de voz dolorida
Son la sangre de las princesas
Y los ojos de rama en rama
Que caen igual que los astros viejos
Con las alas rotas como corbatas.
La sangre cae de rama en rama
De ojo en ojo y de voz en voz
La sangre cae como corbatas
No puede huir saltando como los enanos
Cuando las princesas pasan
Hacia sus astros doloridos.
Como las alas de las hojas
Como los ojos de las olas
Como las hojas de los ojos
Como las olas de las alas.
Las horas caen de minuto en minuto
Como la sangre

Que quiere hablar.

MORIR SOÑANDO MIGUEL DE UNAMUNO

MORIR SOÑANDO MIGUEL DE UNAMUNO


Au fait, se disait-il a lui-même, il parait que
mon destin est de mourir en rêvant.
Stendhal, Le Rouge et le Noir, LXX, "La tranquillité"

Morir soñando, sí, mas si se sueña
Morir, la muerte es sueño; una ventana
Hacia el vacío; no soñar; nirvana;
Del tiempo al fin la eternidad se adueña.
Vivir el día de hoy bajo la enseña
Del ayer deshaciéndose en mañana;
Vivir encadenado a la desgana
¿Es acaso vivir?, ¿y esto qué enseña?
¿Soñar la muerte no es matar el sueño?
¿Vivir el sueño no es matar la vida?
¿A qué poner en ello tanto empeño?:

¿Aprender lo que al punto al fin se olvida
Escudriñando el implacable ceño
-Cielo desierto- del eterno Dueño?
Soy yo, lector, que en ti vibro.

Quinta Luna José Pedroni




Con ojos que te sieguen huidiza,
Soy el azor de tus benditos senos:
Palomas que arrullando inflan el buche,
Vasos que crecen a un divino fuego.
Y en verdad que tu vientre primerizo,
Ni blanco ni moreno,
Calladamente se deforma en cántaro
A la presión continua del misterio.
Ah, si me fuera dado referirte
Lo inexplicable que en el alma siento,
Y hacer de modo que tu angustia santa
Se te vuelva alegría todo el tiempo.
Mujer, en el secreto de tu carne
Es mi destino el que se está cumpliendo;
Y por eso sonrío a tu sonrisa
Y sufro sin querer tu sufrimiento.
Y soy como un pastor ante su tierra
-Que mi tierra es tu cuerpo-;
Pastor que canta o que en la plaga llora
Con los brazos abiertos.
Ah, poco a poco, como un niño triste,
De extraño mal me moriré en silencio,
Si lo que llevas, que es mi propia viña,
Te lo destruye el viento.


sábado, 25 de abril de 2015

EL MENDIGO VICTOR HUGO

EL MENDIGO

VICTOR HUGO


Era un pobre que andaba en la escarcha y el viento. 
Golpeé mi cristal; se detuvo delante 
de mi puerta, que abrí con un gesto cortés. 
Regresaban los asnos del mercado del pueblo, 
con labriegos sentados en las toscas albardas. 
Era el viejo que vive en aquella casucha 
que está al pie de la cuesta, y que sueña esperando, 
solitario, una luz de ese cielo tan triste, 
de la tierra unos céntimos, el que tiende sus manos 
hacia el hombre y las junta conversando con Dios. 
Le grité: Puede entrar y caliéntese un poco. 
Quise saber su nombre. Él tan sólo me dijo: 
Yo me llamo el mendigo. Le cogí de la mano: 
Adelante, buen hombre. Y ordené que trajeran 
una jarra de leche. El anciano temblaba 
por el frío; me hablaba, mientras yo, pensativo, 
aunque hablándole, no conseguía escucharle. 
Viene todo empapado, dije, tienda su ropa 
aquí junto al hogar. Se arrimó más al fuego. 
Vi su abrigo comido por polillas, que antaño
fuera azul, desplegado al calor de las llamas, 
con mil puntos brillantes agujeros de luz
que mostraba el fulgor, ante la chimenea 
como un cielo nocturno salpicado de estrellas. 
Y entretanto secaba sus andrajos, chorreantes 
de la lluvia y del agua de las hondas barrancas, 
le veía como alguien que rebosa oraciones 
y miraba, insensible a lo que ambos decíamos, 
su sayal, refulgente de mil constelaciones.



HUGO, VÍCTOR

MÁS ALLÁ DEL OLVIDO ALEJANDRA PIZARNIK

MÁS ALLÁ DEL OLVIDO 

ALEJANDRA PIZARNIK


alguna vez de un costado de la luna
verás caer los besos que brillan en mí
las sombras sonreirán altivas
luciendo el secreto que gime vagando
vendrán las hojas impávidas que
algún día fueron lo que mis ojos
vendrán las mustias fragancias que
innatas descendieron del alado son
vendrán las rojas alegrías que
burbujean intensas en el sol que
redondea las armonías equidistantes en
el humo danzante de la pipa de mi amor

PIZARNIK, ALEJANDRA

FUSILAMIENTO NICOLÁS GUILLÉN

FUSILAMIENTO 

NICOLÁS GUILLÉN


Van a fusilar
a un hombre que tiene los brazos atados.
Hay cuatro soldados
para disparar.
Son cuatro soldados
callados,
que están amarrados,
lo mismo que el hombre amarrado que van
a matar.

—¿Puedes escapar?
—¡No puedo correr!
—¡Ya van a tirar!
—¡Qué vamos a hacer!
—Quizá los rifles no estén cargados...
—¡Seis balas tienen de fiero plomo!
—¡Quizá no tiren esos soldados!
—¡Eres un tonto de tomo y lomo!

Tiraron.
(¿Cómo fue que pudieron tirar?)
Mataron.
(¿Cómo fue que pudieron matar?)
Eran cuatro soldados
callados,
y les hizo una seña, bajando su sable,
un señor oficial;
eran cuatro soldados
atados,
lo mismo que el hombre que fueron
los cuatro a matar.

1937
GUILLÉN, NICOLÁS

viernes, 24 de abril de 2015

PUENTE ALSINA RAUL GONZALEZ TUÑÓN

PUENTE ALSINA 

RAUL GONZALEZ TUÑÓN


Puente Alsina: Eres un claroscuro con guitarras,
eres inofensivo como un filo mellado.
Tienes árboles buenos que se salen del campo
para dar más relieve a tu leyenda
con la sombra indecisa de sus ramas.
Puente Alsina: Eres un claroscuro con guitarras.

Por entre el centro de la urbe te das la mano
callosa a fuerza de aferrar puñales
(y martillos también)
con el Arroyo Maldonado
que todavía usa como tú
pantalón con bombilla y clavel colorado.

Eres el comité de la ciudad.
Al cual no entran
los que no son amigos de sus caudillos:
la furca, el tango y el cuchillo.

Puente Alsina:
Te corta el Riachuelo –como un barbijo.
Alimento de crónicas policiales
has salido más veces en linotipo
-por el conflicto pasional, por el asalto dernier cri-
Y por tus calles corvas aún anidan
los organillos sentimentales
que humedecen los ojos a la nieta de Mimí.

Puente Alsina: tú bebes caña fuerte,
lloras leyendo el Juan Moreira.
Barrio federal.
Te apiadas de los perros enfermos
y de vez en cuando te robas la luna,
para los hombres que miran siempre abajo
te vean reflejada en el Riachuelo.

Tus patios están sobrecogidos.
En ellos las estrellas son único domingo.
Puente Alsina:
barrio con fama de guapo,
los ladrones y los poetas no te tenemos miedo.


GONZALEZ TUÑÓN, RAÚL