miércoles, 5 de agosto de 2015

OLIVERIO GIRONDO “Calle de las sierpes”

OLIVERIO GIRONDO “Calle de las sierpes”



A D. Ramón Gómez de la Serna.

Una corriente de brazos y de espaldas
Nos encauza
Y nos hace desembocar
Bajo los abanicos,
Las pipas,
Los anteojos enormes
Colgados en medio de la calle;
Únicos testimonios de una raza
Desaparecida de gigantes.

Sentados al borde de las sillas,
Cual si fueran a dar un brinco
Y ponerse a bailar,
Los parroquianos de los cafés
Aplauden la actividad del camarero,
Mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
Hasta que pueda leerse
El anuncio de la corrida del domingo.

Con sus caras de mascarón de proa,
El habano hace las veces de bauprés,
Los hacendados penetran
En los despachos de bebidas,
A muletear los argumentos
Como si entraran a matar;
Y acodados en los mostradores,
Que simulan barreras,
Brindan a la concurrencia
El miura disecado
Que asoma la cabeza en la pared.

Ceñidos en sus capas, como toreros,
Los curas entran en las peluquerías
A afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
Y cuando salen a la calle
Ya tienen una barba de tres días.

En los invernáculos
Edificados por los círculos,
La pereza se da como en ninguna parte
Y los socios la ingieren
Con churros o con horchata,
Para encallar en los sillones
Sus abulias y sus laxitudes de fantoches.


Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
Trescientos doce curas
Y doscientos noventa y tres soldados,
Pasa una mujer.
A medida que nos aproximamos
Las piedras se van dando mejor.

OLIVERIO GIRONDO "Azotadme”

OLIVERIO GIRONDO 
"Azotadme”


Aquí estoy,
¡Azotadme!
Merezco que me azoten.

No lamí la rompiente,
La sombra de las vacas,
Las espinas,
La lluvia;
Con fervor,
Durante años;
Descalzo,
Estremecido,
Absorto,
Iluminado.

No me postré ante el barro,
Ante el misterio intacto
Del polen,
De la cama,
Del gusano,
Del pasto;
Por timidez,
Por miedo,
Por pudor,
Por cansancio.

No adoré los pesebres,
Las ventanas heridas,
Los ojos de los burros,
Los manzanos,
El alba;
Sin restricción,
De hinojos,
Entregado,
Desnudo,
Con los poros erectos,
Con los brazos al viento,
Delirante,
Sombrío;
En comunión de espanto,
De humildad,
De ignorancia,

Como hubiera deseado.

¡Como hubiera deseado!

lunes, 3 de agosto de 2015

JUAN GELMAN "Ausencia de amor"

JUAN GELMAN 
"Ausencia de amor"


Cómo será pregunto. 
Cómo será tocarte a mi costado. 
Ando de loco por el aire 
Que ando que no ando.

Cómo será acostarme 
En tu país de pechos tan lejano. 
Ando de pobre cristo a tu recuerdo 
Clavado, reclavado.

Será ya como sea. 
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado. 
Me comerás entonces dulcemente 
Pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera. 
Tu pie. Tu mano.

JUAN GELMAN “Alza tus brazos...”

JUAN GELMAN 
Alza tus brazos...”


Alza tus brazos, 
ellos encierran a la noche,
desátala sobre mi sed,
tambor, tambor, mi fuego.

Que la noche nos cubra con una campana,
que suene suavemente a cada golpe del amor.

Entiérrame la sombra, lávame con ceniza,
cávame del dolor, límpiame el aire:
yo quiero amarte libre.

Tú destruyes el mundo para que esto suceda
tu comienzas el mundo para que esto suceda.

sábado, 1 de agosto de 2015

ANTONIO GALA Arrebátame, amor, águila esquiva

ANTONIO GALA  
Arrebátame, amor, águila esquiva


Arrebátame, amor, águila esquiva,
Mátame a desgarrón y a dentellada,
Que tengo ya la queja amordazada
Y entre tus garras la intención cautiva.

No finjas más, no ocultes la excesiva
Hambre de mí que te arde en la mirada.
No gires más la faz desmemoriada
Y muerde de una vez la carne viva.

Batir tu vuelo siento impenetrable,
En retirada siempre y al acecho.
Tu sed eterna y ágil desafío.

Pues que eres al olvido invulnerable,
Vulnérame ya, amor, deshazme el pecho
Y anida en él, demonio y ángel mío.

ANTONIO GALA Alargaba la mano y te tocaba

ANTONIO GALA  
Alargaba la mano y te tocaba


Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
El suave sitio donde tú terminas,
Sólo míos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares indecibles,
Indescifrable mar, lejana luz
Que no puede apresarse.
Te me escapabas, de cristal y aroma,
Por el aire, que entraba y que salía,
Dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
En el dintel de siempre, prisionero
De la celda exterior.

La libertad
Hubiera sido herir tu pensamiento,
Trasponer el umbral de tu mirada,
Ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
Como una flor, la infancia , y aspirar
Su esencia y devorarla. Hacer
Comunes humo y piedra. Revocar
El mandato de ser. Entrar. Entrarnos
Uno en el otro. Trasponer los últimos
Límites. Reunirnos...

Alargaba la mano y te tocaba.
Tú mirabas la luz y la gavilla.
Eras luz y gavilla, plenitud
En ti misma, rotunda como el mundo.
Caricias no valían, ni cuchillos,
Ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,
Sonriente, apartada, eterna tú.
Y yo, eterno, apartado, sonriente,
Remitiéndote pactos inservibles,
Alianzas de cera.

Todo estuvo de nuestra parte, pero
Cuál era nuestra parte, el punto
De coincidencia, el tacto
Que pudo ser llamado sólo nuestro.

Una voz, en la calle, llama y otra
Le responde. Dos manos se entrelazan.
Uno en otro, los labios se acomodan;
Los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
Se abate, emperador de los encuentros.
¿Esto era amor? La soledad no sabe
Qué responder: persiste, tiembla, anhela
Destruirse. Impaciente
Se derrama en las manos ofrecidas.
Una voz en la calle... Cuánto olor,
Cuánto escenario para nada. Miro
Tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
Tú, los míos: ¿esto se llama amor?

Permanecemos. Sí, permanecemos
No indiferentes, pero diferentes. Somos
Tú y yo: los dos, desde la orilla
De la corriente, solos, desvalidos,
La piel alzada como un muro, solos
Tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.
Idénticos en todo,
Sólo en amor distintos.
La tristeza, sedosa, nos envuelve
Como una niebla: ése es el lazo único;
Esa la patria en que nos encontramos.
Por fin te identifico con mis huesos
En el candor de la desesperanza.
Aquí estamos nosotros: desvaídos
Los dos, borrados, más difíciles,
A punto de no ser... ¿Amor es esto?
¿Acaso amor es esta no existencia
De tanto ser? ¿Es este desvivirse
Por vivir? Ya desangrado
De mí, ya inmóvil en ti, ya
Alterado, el recuerdo se reanuda.
Se reanuda la inútil existencia...
Y alargaba la mano y te tocaba.

viernes, 31 de julio de 2015

MARÍA ELENA WALSH “EVA”

MARÍA ELENA WALSH “EVA”


I
Calle Florida, túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedó sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.
Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.
Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.

Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "amémonos".
Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte más muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lágrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.
Días de julio del 52
¿Qué importa dónde estaba yo?
II
No descanses en paz, alza los brazos,
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?

Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.
Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.
Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.
Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones. 


María Elena Walsh