lunes, 27 de julio de 2015

JOSÉ MARÍA EGUREN "El andarín de la noche"

JOSÉ MARÍA EGUREN 
"El andarín de la noche"


El oscuro andarín de la noche
Detiene el paso junto a la torre,
Y al centinela
Le anuncia roja, cercana la guerra.

Le dice al viejo de la cabaña
Que hay batidores en la sabana;
Sordas linternas
En los juncales y oscuras sendas.

A las ciudades capitolinas
Va el pregonero de la desdicha;
Y en la tiniebla
Del extramuro, tardo se aleja.

En la batalla cayó la torre;
Siguieron ruinas, desolaciones;
Canes sombríos
Buscan los muertos en los caminos.


Suenan los bombos y las trompetas
Y las picotas y las cadenas;
Y nadie ha visto, por el confín;
Nadie recuerda
Al andarín.

JOSÉ DE ESPRONCEDA "A una estrella"

JOSÉ DE ESPRONCEDA 
"A una estrella"


¿Quién eres tú, lucero misterioso,
Tímido y triste entre luceros mil,
Que cuando miro tu esplendor dudoso,
Turbado siento el corazón latir?
¿Es acaso tu luz recuerdo triste
De otro antiguo perdido resplandor,
Cuando engañado como yo creíste
Eterna tu ventura que pasó?
Tal vez con sueños de oro la esperanza
Acarició tu pura juventud,
Y gloria y paz y amor y venturanza
Vertió en el mundo tu primera luz.
Y al primer triunfo del amor primero
Que embalsamó en aromas el Edén,
Luciste acaso, mágico lucero,
Protector del misterio y del placer.
Y era tu luz voluptuosa y tierna
La que entre flores resbalando allí
Inspiraba en el alma un ansia eterna
De amor perpetuo y de placer sin fin.
Mas ¡ay!, que luego el bien y la alegría
En llanto y desventura se trocó:
Tu esplendor empañó niebla sombría;
Sólo un recuerdo al corazón quedó.
Y ahora melancólico me miras
Y tu rayo es un dardo del pesar
Si amor aún al corazón inspiras,
Es un amor sin esperanza ya.
¡Ay lucero!, yo te vi
Resplandecer en mi frente,
Cuando palpitar sentí
Mi corazón dulcemente
Con amante frenesí.
Tu faz entonces lucía
Con más brillante fulgor,
Mientras yo me prometía
Que jamás se apagaría
Para mí tu resplandor.
¿Quién aquel brillo radiante
¡Oh lucero!, te robó,
Que oscureció tu semblante,
Y a mi pecho arrebató
La dicha en aquel instante?
¿O acaso tú siempre así
Brillaste y en mi ilusión
Yo aquel esplendor te di
Que amaba mi corazón,
Lucero, cuando te vi?
Una mujer adoré
Que imaginaría yo un cielo;
Mi gloria en ella cifré,
Y de un luminoso velo
En mi ilusión la adorné.
Y tú fuiste la aureola
Que iluminaba su frente,
Cual los aires arrebola
El fúlgido sol naciente,
Y el puro azul tornasola.
Y astro de dicha y amores,
Se deslizaba mi vida
A la luz de tus fulgores,
Por fácil senda florida,
Bajo un cielo de colores.
Tantas dulces alegrías,
Tantos mágicos ensueños
¿Dónde fueron?
Tan alegres fantasías,
Deleites tan halagüeños,
¿Qué se hicieron?
Huyeron con mi ilusión
Para nunca más tornar,
Y pasaron,
Y sólo en mi corazón
Recuerdos, llanto y pesar
¡Ay!, dejaron.
¡Ah lucero!, tú perdiste
También tu puro fulgor,
Y lloraste;
También como yo sufriste,
Y el crudo arpón del dolor
¡Ay!, probaste.
¡Infeliz! ¿Por qué volví
De mis sueños de ventura
Para hallar
Luto y tinieblas en ti,
Y lágrimas de amargura
Que enjugar?
Pero tú conmigo lloras,
Que eres el ángel caído
Del dolor,
Y piedad llorando imploras,
Y recuerdas tu perdido
Resplandor.
Lucero, si mi quebranto
Oyes, y sufres cual yo,
¡Ay!, juntemos
Nuestras quejas, nuestro llanto:
Pues nuestra gloria pasó,
Juntos lloremos.
Mas hoy miro tu luz casi apagada,
Y un vago padecer mi pecho siente:
Que está mi alma de sufrir cansada,
Seca ya de las lágrimas la fuente.
¡Quién sabe!... tú recobrarás acaso
Otra vez tu pasado resplandor,
A ti tal vez te anunciará tu ocaso
Un oriente más puro que el del sol.
A mí tan solo penas y amargura
Me quedan en el valle de la vida;
Como un sueño pasó mi infancia pura,
Se agosta ya mi juventud florida.
Astro sé tú de candidez y amores
Para el que luz te preste en su ilusión,
Y ornado el porvenir de blancas flores,
Sienta latir de amor su corazón.

Yo indiferente sigo mi camino
A merced de los vientos y la mar,
Y entregado, en los brazos del destino,
Ni me importa salvarme o zozobrar.

JOSÉ DE ESPRONCEDA "A Jarifa"

JOSÉ DE ESPRONCEDA 
"A Jarifa"


Trae, Jarifa, trae tu mano,
Ven y pósala en mi frente,
Que en un mar de lava hirviente
Mi cabeza siento arder.
Ven y junta con mis labios
Esos labios que me irritan,
Donde aún los besos palpitan
De tus amantes de ayer.

¿Qué la virtud, la pureza?
¿Qué la verdad y el cariño?
Mentida ilusión de niño,
Que halagó mi juventud.
Dadme vino: en él se ahoguen
Mis recuerdos; aturdida
Sin sentir huya la vida;
Paz me traiga el ataúd.

El sudor mi rostro quema,
Y en ardiente sangre rojos
Brillan inciertos mis ojos,
Se me salta el corazón.
Huye, mujer; te detesto,
Siento tu mano en la mía,
Y tu mano siento fría,
Y tus besos hielos son.

¡Siempre igual! Necias mujeres,
Inventad otras caricias,
Otro mundo, otras delicias,
O maldito sea el placer.
Vuestros besos son mentira,
Mentira vuestra ternura:
Es fealdad vuestra hermosura,
Vuestro gozo es padecer.
Yo quiero amor, quiero gloria,
Quiero un deleite divino,
Como en mi mente imagino,
Como en el mundo no hay;
Y es la luz de aquel lucero
Que engañó mi fantasía,
Fuego fatuo, falso guía
Que errante y ciego me tray.

¿Por qué murió para el placer mi alma,
Y vive aún para el dolor impío?
¿Por qué si yazgo en indolente calma,
Siento, en lugar de paz, árido hastío?

¿Por qué este inquieto, abrasador deseo?
¿Por qué este sentimiento extraño y vago,
Que yo mismo conozco un devaneo,
Y busco aún su seductor halago?

¿Por qué aún fingirme amores y placeres
Que cierto estoy de que serán mentira?
¿Por qué en pos de fantásticas mujeres
Necio tal vez mi corazón delira,

Si luego, en vez de prados y de flores,
Halla desiertos áridos y abrojos,
Y en sus sandios o lúbricos amores
Fastidio sólo encontrará y enojos?

Yo me arrojé cual rápido cometa,
En alas de mi ardiente fantasía:
Doquier mi arrebatada mente inquieta,
Dichas y triunfos encontrar creía.

Yo me lancé con atrevido vuelo
Fuera del mundo en la región etérea,
Y hallé la duda, y el radiante cielo
Vi convertirse en ilusión aérea.

Luego en la tierra la virtud, la gloria,
Busqué con ansia y delirante amor,
Y hediondo polvo y deleznable escoria
Mi fatigado espíritu encontró.

Mujeres vi de virginal limpieza
Entre albas nubes de celeste lumbre;
Yo las toqué, y en humo su pureza
Trocarse vi, y en lodo y podredumbre.

Y encontré mi ilusión desvanecida
Y eterno e insaciable mi deseo:
Palpé la realidad y odié la vida;
Sólo en la paz de los sepulcros creo.

Y busco aún y busco codicioso,
Y aún deleites el alma finge y quiere:
Pregunto y un acento pavoroso
"¡Ay! -me responde-, desespera y muere.

Muere, infeliz: la vida es un tormento,
Un engaño el placer; no hay en la tierra
Paz para ti, ni dicha, ni contento,
Sino eterna ambición y eterna guerra.

Que así castiga Dios el alma osada,
Que aspira loca, en su delirio insano,
De la verdad para el mortal velada
A descubrir el insondable arcano".

¡Oh!, cesa; no, yo no quiero
Ver más, ni saber ya nada:
Harta mi alma y postrada,
Sólo anhela descansar.

En mí muera el sentimiento,
Pues ya murió mi ventura,
Ni el placer ni la tristura
Vuelvan mi pecho a turbar.

Pasad, pasad en óptica ilusoria
Y otras jóvenes almas engañad:
Nacaradas imágenes de gloria,
Coronas de oro y de laurel, pasad.

Pasad, pasad mujeres voluptuosas,
Con danza y algazara en confusión;
Pasad como visiones vaporosas
Sin conmover ni herir mi corazón.

Y aturdan mi revuelta fantasía
Los brindis y el estruendo del festín,
Y huya la noche y me sorprenda el día
En un letargo estúpido y sin fin.

Ven, Jarifa; tú has sufrido
Como yo; tú nunca lloras;
Mas ¡ay triste!, que no ignoras
Cuán amarga es mi aflicción.
Una misma es nuestra pena,
En vano el llanto contienes.
Tú también, como yo, tienes
Desgarrado el corazón.

SALVADOR DÍAZ MIRÓN "A Gloria"

SALVADOR DÍAZ MIRÓN 
"A Gloria"


No intentes convencerme de torpeza
Con los delirios de tu mente loca:
Mi razón es al par luz y firmeza,
Firmeza y luz como el cristal de roca.

Semejante al nocturno peregrino,
Mi esperanza inmortal no mira el suelo;
No viendo más que sombra en el camino,
Sólo contempla el esplendor del cielo.

Vanas son las imágenes que entraña
Tu espíritu infantil, santuario oscuro.
Tu numen, como el oro en la montaña,
Es virginal y, por lo mismo, impuro.

A través de este vórtice que crispa,
Y ávido de brillar, vuelo o me arrastro,
Oruga enamorada de una chispa
O águila seducida por un astro.

Inútil es que con tenaz murmullo
Exageres el lance en que me enredo:
Yo soy altivo, y el que alienta orgullo
Lleva un broquel impenetrable al miedo.

Fiando en el instinto que me empuja,
Desprecio los peligros que señalas.
"El ave canta aunque la rama cruja,
Como que sabe lo que son sus alas".

Erguido bajo el golpe en la porfía,
Me siento superior a la victoria.
Tengo fe en mí; la adversidad podría,
Quitarme el triunfo, pero no la gloria.

¡Deja que me persigan los abyectos!
¡Quiero atraer la envidia aunque me abrume!
La flor en que se posan los insectos
Es rica de matiz y de perfume.

El mal es el teatro en cuyo foro
La virtud, esa trágica, descuella;
Es la sibila de palabra de oro,
La sombra que hace resaltar la estrella.

¡Alumbrar es arder! ¡Astro encendido
Será el fuego voraz que me consuma!
La perla brota del molusco herido
Y Venus nace de la amarga espuma.

Los claros timbres de que estoy ufano
Han de salir de la calumnia ilesos.
Hay plumajes que cruzan el pantano
Y no se manchan... ¡Mi plumaje es de esos!

¡Fuerza es que sufra mi pasión! La palma
Crece en la orilla que el oleaje azota.
El mérito es el náufrago del alma:
Vivo, se hunde; pero muerto, ¡flota!

¡Depón el ceño y que tu voz me arrulle!
¡Consuela el corazón del que te ama!
Dios dijo al agua del torrente: ¡bulle!;
Y al lirio de la margen: ¡embalsama!

¡Confórmate, mujer! Hemos venido
A este valle de lágrimas que abate,
Tú, como la paloma, para el nido,
Y yo, como el león, para el combate.

SALVADOR DÍAZ MIRÓN "A Berta"

SALVADOR DÍAZ MIRÓN 
"A Berta"


Ya que eres grata como el cariño
Ya que eres bella como el querub,
Ya que eres blanca como el armiño,
¡Sé siempre ingenua, sé siempre tú!

El torpe engaño que el vicio fragua
Nunca se aviene con la virtud.
¡Sé transparente como es el agua,
Como es el aire, como es la luz.

Que tu palabra -dulce armonía
Que tu alma exhala como un laúd,
Como una alondra que anuncia el día
Presa en la sombra que flota aún-

Sea un arroyo sereno y puro
Do al inclinarme como un saúz
Mire las guijas del fondo oscuro
Y las estrellas del cielo azul.

MEIRA DELMAR "Alguien pasa"

MEIRA DELMAR 
"Alguien pasa"


Alguien pasa y pregunta
Por los jazmines, madre.

Y yo guardo silencio.

Las palabras no acuden
En mi ayuda, se esconden
En el fondo del pecho, por no subir vestidas
De luto hasta mi boca,
Y derramarse luego
En un río de lágrimas.

No sé si tú recuerdas
Los días aún tempranos
En que ibas como un ángel
Por el jardín, y dabas
A los lirios y rosas
Su regalo de agua,
Y las hojas marchitas
Recogías en esa
Tu manera tan suave
De tratar a las plantas
Y a los que se acercaban
A tu amistad perfecta.

Yo sí recuerdo, madre,
Tu oficio de ser tierna
Y fina como el aire.

Una tarde un poeta
Recibió de tus manos
Un jazmín que cortaste
Para él. Con asombro
Te miró largamente
Y se llevó a los labios,
Reverente, la flor.

Se me quedó en la frente
Aquel momento, digo
La frente cuando debo
Decir el corazón.


Y se me va llenando
De nostalgia la vida,
Como un vaso colmado
De un lento vino pálido,
Si alguien pasa y pregunta
Por los jazmines, madre.

MEIRA DELMAR "Alabanza del día"

MEIRA DELMAR 
"Alabanza del día"


Por ti la mariposa en el liviano
Paisaje de la brisa detenida.
Y en cada mariposa, repetida,
La danza de colores del verano.

El cielo más azul y más cercano;
Más alta la canción y más ardida
La frente de la rosa sostenida
En la palma dorada de tu mano.

Ordenas el azahar, la luz, el vuelo
De la alondra en el alba, y el desvelo
De los ángeles niños del rocío.


El tiempo te rodea, dulcemente.
Y pasas sin pasar, extrañamente,
Lo mismo que la música de un río.