lunes, 25 de mayo de 2015

FRIEDRICH NIETZSCHE “ANTES DE LA SALIDA DEL SOL”

FRIEDRICH NIETZSCHE 

ANTES DE LA SALIDA DEL SOL


Has venido hacia mi antes que el sol:

hacia mi que soy el mas solitario.

Somos amigos de siempre: 
nos son comunes nuestra tristeza,

y el fondo de nuestro ser: 
el sol mismo nos es común.

Como sabemos demasiadas cosas 
no nos hablamos;

callamos y nos comunicamos nuestro 
saber por medio de sonrisas. 


Nietzsche Friedrich



domingo, 24 de mayo de 2015

MATILDE MAISONNAVE “ODA AL SUR”

 MATILDE MAISONNAVE “ODA AL SUR”



He visto montañas de nieves eternas,
calladas, puras, agrestes, secretas...
Tirada a sus pies toda mi entereza, 
el silencio suyo, quebrando mis penas 
calladas, puras, agrestes, secretas...

He visto los lagos que ellas alimentan,
brillantes al sol de la primavera,
callados, puros, agrestes, secretos...
Tirada a su orilla, devolvió mi imagen,
nadaba en mis ojos un pez,
su silueta azul rasgó mi sonrisa
y contra una piedra se estrelló mi voz.

Montañas y lagos hijos de la tierra,
como aquellas manos dentro de las cuevas,
calladas, puras, agrestes, secretas...
Paisajes de antiguos misterios;
leyendas y cuentos de miles de lunas.

Áridos paisajes, poblados de sombras
de aquellos que un día, fueran dueños y amos.
Tehuelches ariscos, valientes, amables,
ahí todavía cuentan sus historias...
Entre las montañas, dentro de sus lagos,
cuando rueda el viento ¡rugen sus victorias! 
Tras piedra y sequía surgen los oasis,
cuando en el verano, las nieves eternas
se vuelcan en ríos, cascadas y lagos.

He visto el Moreno, el Upsala y otros,
mas no de mi boca se verá la magia.
Ni con mis ojos podía recorrer,
pellizcar, beber tanta maravilla.
Quizá golondrina, vuelva como tú
que probaste sus frutos, Calafates de nieve
de frío morados; de sol bañadas sus flores;
espinas de verano que acaricié con cuidado,
para robar su tesoro de labios morados,
callados...

KHALIL GIBRAN EL AMOR

KHALIL GIBRAN 

EL AMOR



Y él alzó su cabeza, miró a la gente 
y la quietud descendió sobre todos. 
Entonces, con fuerte voz dijo:
Cuando el amor os llame, seguidle. 
Aunque su camino sea duro y penoso. 
Y entregaos a sus alas que os envuelven. 
Aunque la espada escondida entre ellas os hiera. 
Y creed en él cuando os hable. 
Aunque su voz aplaste vuestros sueños, 
como hace el viento del norte, 
el viento que arrasa los jardines. 
Porque, así como el amor os da gloria, 
así os crucifica. 
Así como os da abundancia, así os poda. 
Así como se remonta a lo más alto 
y acaricia vuestras ramas más débiles, 
que se estremecen bajo el sol, 
así llegará hasta vuestras raíces 
y las sacudirá en un abrazo con tierra. 
Como a gavillas de trigo 
él os une a vosotros mismos. 
Os desgarra para desnudamos. 
Os cierne, para libraros de los pliegues 
que cubren vuestra figura. 
Os pulveriza hasta volveros blancos. 
Os amasa, para que lo dócil y lo flexible 
renazca de vuestra dureza. 
Y os destina luego a su fuego sagrado, 
para que podáis ser sagrado pan 
en la sagrada fiesta de Dios.
Todo esto hará el amor en vosotros 
para acercaros al conocimiento de vuestro corazón 
y convertiros por ese conocimiento 
en fragmento del corazón de la Vida. 
Pero si vuestro miedo 
os hace buscar solamente la paz 
y el placer del amor, 
entonces sería mejor 
que cubrierais vuestra desnudez 
y os alejarais de sus umbrales 
hacia un mundo sin primavera 
donde reiréis, 
pero no con toda vuestra risa, 
y lloraréis, 
pero no con todas vuestras lágrimas.
El amor no da más que de sí mismo 
y no torna nada más que de sí mismo. 
El amor no posee ni es poseído. 
Porque el amor es todo para el amor. 
Cuando améis no digáis: 
"Dios está en mi corazón", 
sino más bien: 
"Yo estoy en el corazón de Dios". 
Y no penséis en dirigir el curso del amor 
porque será él, 
si os halla dignos, 
quien dirija vuestro curso. 
El amor no tiene otro deseo 
que el de realizarse.
Pero si amáis 
y no podéis evitar tener deseos, 
que vuestros deseos sean estos: 
fundirse y ser como el arroyo, 
que murmura su melodía en la noche; 
saber del dolor del exceso de ternura; 
ser herido 
por nuestro propio conocimiento del amor; 
sangrar voluntaria y alegremente.




MARILINA RÉBORA KHALIL GIBRÁN

MARILINA RÉBORA KHALIL GIBRÁN


NO ES SUFICIENTE DAR, NI DAR CON ALEGRÍA;
NI TAMPOCO ES BASTANTE DAR CON RENUNCIAMIENTO;
MENOS, DAR CON DOLOR, UN POCO CADA DÍA,
ESPERANDO DE OTROS EL RECONOCIMIENTO.

Y NO BASTA —SIQUIERA— EL DAR POR SER VIRTUOSO,
AUNQUE EL ALMA EGOÍSTA, ALECCIONADA, CALLE;
HAY QUE DAR, SIMPLEMENTE, COMO EL MIRTO OLOROSO
QUE ESPARCE, SIN SABERLO, SU FRAGANCIA EN EL VALLE.

MÁS AÚN: ES FORZOSO MERECER SER DONANTE,
QUE A TRAVÉS DE ESAS MANOS DIGA DIOS LO QUE PIENSA
Y SONRÍA DICHOSO DETRÁS DE LA MIRADA.
EL POETA ORIENTAL NOS PONE POR DELANTE
LA SOLA REALIDAD DE LA ÍNTIMA CONCIENCIA,
TESTIGOS, COMO SOMOS, SIN SER DUEÑOS DE NADA.


sábado, 23 de mayo de 2015

ALEJANDRA PIZARNIK “LA ENAMORADA”

ALEJANDRA PIZARNIK 

“LA ENAMORADA”



Esta lúgubre manía de vivir
Esta recóndita humorada de vivir
Te arrastra, Alejandra, no lo niegues.
Hoy te miraste en el espejo
Y te fue triste, estabas sola
La luz rugía, el aire cantaba
Pero tu amado no volvió.
Enviarás mensajes, sonreirás
Tremolarás tus manos, así volverá
Tu amado tan amado.
Oyes la demente sirena que lo robó
El barco con barbas de espuma
Donde murieron las risas
Recuerdas el último abrazo
Oh nada de angustias
Ríe en el pañuelo, llora a carcajadas
Pero cierra las puertas de tu rostro
Para que no digan luego
Que aquella mujer enamorada fuiste tú.
Te remuerden los días,
Te culpan las noches,
Te duele la vida tanto tanto,
Desesperada, ¿a dónde vas?
Desesperada, ¡nada más!

 



ALFONSINA STORNI “CARTA LÍRICA A OTRA MUJER”

ALFONSINA STORNI 

“CARTA LÍRICA A OTRA MUJER”



Vuestro nombre no sé, ni vuestro rostro
Conozco yo, y os imagino blanca,
Débil como los brotes iniciales,
Pequeña, dulce; ya ni sé, divina.
En vuestros ojos placidez de lago
Que se abandona al sol y dulcemente
Le absorbe su oro mientras todo calla.
Y vuestras manos, finas, como aqueste
Dolor, el mío, que se alarga, alarga,
Y luego se me muere y se concluye
Así, como lo veis; en algún verso.
Ah, ¿sois así? Decidme si en la boca
Tenéis un rumoroso colmenero.
Si las orejas vuestras son a modo
De pétalos de rosas ahuecados
Decidme si lloráis, humildemente,
Mirando las estrellas tan lejanas.
Y si en las manos tibias se os aduermen
Palomas blancas y canarios de oro.
Porque todo eso y más, vos sois, sin duda:
Vos, que tenéis el hombre que adoraba
Entre las manos dulces, vos, la bella
Que habéis matado, sin saberlo acaso,
Toda esperanza en mí; vos, su criatura,
Porque él es todo vuestro: cuerpo y alma
Estáis gustando del amor secreto
Que guardé silencioso, Dios lo sabe
Por qué, que yo no alcanzo a penetrarlo.
Os lo confieso que una vez estuvo
Tan cerca de mi brazo, que al extenderlo
Acaso mía aquella dicha vuestra
Me fuera ahora ¡sí!, acaso mía
Mas ved, estaba el alma tan gastada
Que el brazo mío no alcanzó a extenderse:
La sed divina, contenida entonces,
Me pulió el alma. ¡Y él ha sido vuestro!
¿Comprendéis bien? Ahora, en vuestros brazos
Él se adormece y le decís palabras
Pequeñas y menudas que semejan
Pétalos volanderos y muy blancos.
Acaso un niño rubio vendrá luego
A copiar en los ojos inocentes
Los ojos vuestros y los de él
Unidos en un espejo azul y cristalino.
¡Oh, ceñidle la frente! ¡Era tan amplia!
¡Arrancaban tan firmes los cabellos
A grandes ondas, que a tenerla cerca
No hiciera yo otra cosa que ceñirla!
Luego dejad que en vuestras manos vaguen
Los labios suyos; él me dijo un día
Que nada era tan dulce al alma suya
Como besar las femeninas manos
Y acaso, alguna vez, yo, la que anduve
Vagando por afuera de la vida,
-Como aquellos filósofos mendigos
Que van a las ventanas señoriales
A mirar sin envidia toda fiesta-
Me allegue humildemente a vuestro lado
Y con palabras quedas, susurrantes,
Os pida vuestras manos un momento,
Para besarlas yo como él las besa
Y al recubrirlas, lenta, lentamente,
Vaya pensando: aquí se aposentaron
¿Cuánto tiempo?, sus labios, ¿cuánto tiempo
En las divinas manos que son suyas?
¡Oh, qué amargo deleite, este deleite
De buscar huellas suyas y seguirlas
Sobre las manos vuestras tan sedosas,
Tan finas, con sus venas tan azules!
Oh, que nada podría, ni ser suya,
Ni dominarle el alma, ni tenerlo
Rendido aquí a mis pies, recompensarme
Este horrible deleite de hacer mío
Un inefable, apasionado rastro.
Y allí en vos misma, sí, pues sois barrera,
Barrera ardiente, viva, que al tocarla
Ya me remueve este cansancio amargo,
Este silencio de alma en que me escudo,
Este dolor mortal en que me abismo,
Esta inmovilidad del sentimiento
¡Que sólo salta, bruscamente, cuando
Nada es posible!

MATILDE ALBA SWANN “CRÓNICA DE MÍ MISMA”

MATILDE ALBA SWANN 

“CRÓNICA DE MÍ MISMA”



Y querer merecerme; de veras merecerme.
Revisar mis dispersas escrituras,
Mi palabra, revisarme el sollozo,
La garganta,
Auscultarme el latido, desollarme,
Revisarme las venas, las arterias.
Todo el complejo existencial
Que asumo.
Revisar mi conducta, mis proyectos,
Lo soñado, ensoñado,
Lo vivido,
Conformarme de nuevo, aún no inscripta,
Sin visión, sin recuerdo, sin mentiras,
Sin verdades ocultas, temerosas,
Sin impulsos,
Sin deserción, sin este yo
Impreciso.

Revisarme hasta el fondo, descifrarme,
Prenderme, saberme, perdonarme,
Tanto pude y no hice,
Tanto hice febril
A manotazos,
En apremio suicida, lograr algo, dejar
Algo, quedarme allí incrustada,
En la trama inicial, impenetrable,
Indestructible, quedar, estar,
Ser siempre,
Y vencer de la muerte,
Y de la vida.

Permanecer y ser, por solo acto
De ingerencia en un sino
De criatura.

Despedacé mi carne, carne mía, fatigada
De esfuerzo y sinsabores, me derramé, me di,
Me hice guiñapo; al costado de holgura,
Fui miseria.
Quise tanto y a tantos, y la tierra,
Ese soplo de polvo que me aguarda,
Y mi aventura batalladora hecha
De timidez, de inermidad
Y miedo.
Estos árboles rudos que me vencen
La mirada, cada vez menos útil, y esta noche
Que circunda mis noches y me azuza y me manda
No dormir, y pensar, y sentir frío,
Y volver al dolor que hice a un costado.
Yo debo revisarme desde el antes,
Descubrir el motivo, causa, impulso, la razón,
El porqué, y el hacia adónde, y el porqué
Del porqué de la pregunta.
Ascender la montaña hacia la cima,
Y mirarme, un abismo,
En el abismo, y elevarme al azul
Por propio esfuerzo apoyándome en mí,
Envolviéndome en mí,
Desde mí misma,
Tirar de mí hacia arriba; tocar siquiera
Una sola estrella, una sola, o su fulgor
Siquiera, o siquiera seguirla
Desnudando
Mi vergüenza a su luz. Esta corteza,
Que resquebraja
Cada vez que pienso,
Y estas raíces que me petrifican
Bajo la inercia de un planeta
Muerto.
Quiero salir maleza a herir caminos,
Y punzarme de heridas, ser, de pronto,
Este mundo y un próximo intuido,
Y recordar, de pronto, un otro antiguo
Mundo en seres golpeados que lloraron
Mucho antes de mí, y que derramaron
En mi llanto de hoy, su sal y acíbar.

Ser el ánfora quieta de una ignota,
Milenaria mansión
Sin nada dentro,
Y esperando.

Un océano en peces y vitrales, y en suicidas
Y barcos milenarios; ser la orilla, el camino
Sobre el agua, ser la brújula, el sol rojo
De noche y el marinero que perdió la novia,
La llegada y el puerto, abigarradas
Multitudes ruidosas,
Y en mí, nadie.

Asomarme a la ardiente boca ígnea
De un volcán que despierta en el incendio,
Y saber que soy fuego y quemadura,
Que la lava soy yo,
Descascarando;
Desnudada, sentirme leña al rojo, derramado
Mineral,
Embistiendo la ladera, burbujeante y hervida.

Merecerme, de veras merecerme;
En cuclillas orar, sin darme cuenta,
Porque quiera la entraña de mi madre,
Exhalarme a la luz, y ser pequeña,
Respirar, prometer, ser la esperanza
Para alguien, sin nada más que el hilo,
Que amenaza romper de una esperanza.

Merecerme de veras; ya retorno
Del altar y del lodo, del sollozo,
Del gemido y del canto, de mi propio
Funeral, y me escucho como corro
Anhelante y jadeante
A mi bautismo.